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Colombia no necesita más leyes; necesita mejores leyes, conectadas con la realidad. Hoy convivimos con dos países: uno formal -que declara, registra, factura y paga- y otro que produce y trabaja por fuera del sistema. No es por falta de cultura o talento: es porque el costo fijo de ser formal es alto y porque las reglas del Estado no conversan entre sí.
A muchos pequeños negocios la formalización no les abre puertas: les suma trámites y costos. Y a muchos trabajadores la formalidad se les vuelve inalcanzable porque la regulación no se adapta a ingresos variables, temporadas y jornadas parciales. El resultado es la informalidad: menos productividad, menos crédito, menos protección social y más desigualdad.
Por eso propongo “Integrar para crecer” en dos sentidos. Primero, integrar a personas y empresas que hoy están por fuera para que participen del crecimiento. Segundo, integrar reglas tributarias, laborales, de seguridad social y de permisos para que no se contradigan, no dupliquen costos y no conviertan al ciudadano en mensajero entre oficinas. La formalización debe ser una puerta al crédito, a mercados y a protección, no un castigo.
Mi agenda legislativa tiene tres pilares.
Igualar la cancha para micronegocios y Mipymes. El problema no es solo cuánto se paga: es la complejidad. Propongo pagar impuestos cuando hay utilidad real: si un negocio vendió, pero no ganó, no debería quebrarse pagando como si hubiera ganado. Si no hay utilidad, no hay impuesto. Y para premiar el empleo formal, permitir la deducción plena de costos salariales.
Legislar para la Colombia real en lo laboral, sin precarizar. La economía es diversa y estacional: campo, comercio, servicios y economía digital. Propongo contratación por horas con protección social proporcional: trabajar 10, 20 o 30 horas y cotizar de forma proporcional, con registro y trazabilidad para evitar abusos. Formalidad con flexibilidad y derechos.
Facilitar crédito y reducir la tramitomanía. El trámite es un impuesto invisible: a veces cuesta más que el negocio. Propongo permisos y licencias sin cobros, una ventanilla digital trazable y rutas de crédito de fomento para reemplazar el gota a gota. En Bogotá esto significa que un negocio pueda pasar de sobrevivir a invertir, contratar y competir; y que un trabajador pueda cotizar y construir protección real. ¿Y por qué creo que puedo lograrlo? Porque mi vida profesional ha sido integrar instituciones para que funcionen: Dian, Presupuesto Nacional y Colpensiones. He comprobado que cuando las reglas se conectan y los sistemas conversan, el ciudadano ve resultados.
Mi mensaje final: la plata pública bien manejada sí alcanza, con buena gerencia, transparencia y control político. Integrar para crecer es hacer que Colombia funcione.
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