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Analistas 16/12/2020

No es hora de cansarnos

Paula García García
Conductora Red+Noticias

El grueso de la población en Colombia recibirá la vacuna contra el covid-19 en 2022. Esa es la realidad que tenemos. El tapabocas, el distanciamiento, la desinfección seguirán entre nosotros por un muy buen tiempo. Enfrentamos una larga espera que exige resistencia y conciencia colectiva cuando más fatigados estamos. Sin embargo, no es hora de cansarnos.

Con nerviosismo observamos lo que pasa en Europa. El viejo continente, a pesar de tener un calendario de vacunación mucho más claro que el nuestro, vuelve a cerrarse de a pocos. Varios países anuncian toques de queda para Navidad y Año Nuevo y Alemania, otrora ejemplo en el manejo de la crisis, limita sus actividades hasta comienzos de enero. El panorama es desalentador y en este lado del mundo nos preguntamos entonces qué futuro nos espera. Caemos presa de la desesperación.

Los sentimientos encontrados se entienden. Es tan humano desanimarse como contra natura resultan las restricciones que este coronavirus requiere para evitar contagios. Ya lo decía Aristóteles, el hombre es un ser social, se “es” en tanto se “co-es”, y el desafío que la pandemia impone es justamente el de aprender a vivir con la mínima interacción entre pares. ¡Difícil, sí, mas no imposible!

Sin vacuna a la vista, los colombianos tendremos que hacer un esfuerzo mayor. Renovar de manera urgente nuestro compromiso con las medidas de bioseguridad de las que ya estamos hastiados. Es casi un volver a empezar, solo que esta vez, con las expectativas puestas en el inicio de la inmunización colectiva. En este punto, entender con racionalidad que por un periodo todavía extenso estamos obligados a convivir de una forma diferente se convierte en un deber ciudadano.

La palabra confinamiento genera repudio y estrés, pero aun así actuamos como si en nuestras manos no estuviera evitarlo. Los días oscuros de calles vacías y comercios cerrados dejaron una gran enseñanza: la actividad productiva no se puede detener. Hoy, cuando el país encuentra en el afán por la reactivación económica una causa común, la responsabilidad es de todos. Recuperar empleos, salvar empresas e incentivar el consumo interno tiene que ser el motor que nos lleve a extremar los cuidados.

Al fantasma del encierro no le queda de otra que ir tomando forma hasta decretar su regreso mientras permitamos que el porcentaje de ocupación de las unidades de cuidados intensivos siga subiendo y las muertes y los casos positivos continúen en ascenso.

Usar la mascarilla es un acto patriótico tal y como lo asegura desde un muy golpeado Estados Unidos el presidente electo Joe Biden. De cada uno de nosotros depende que la espera por la vacuna no salga más costosa de lo que tan caprichosa enfermedad ha resultado hasta ahora. Es momento de responder con altura como sociedad y con perspectiva de país. No podemos olvidar que en la bolsa del coronavirus estamos metidos todos.