Analistas 20/10/2020

Manifestaciones y candidatitis

La oposición será en las calles, sentenciaba Gustavo Petro tras ser derrotado en las urnas. Más de dos años después, se trata de una promesa cumplida y a medida que se acerca 2022 parecería volverse una obsesión.

Los gobiernos del mundo enfrentan hoy ciudadanías contestatarias ―postura necesaria y válida― sin embargo, cuando pedidos genuinos resultan manoseados por intereses electorales la legitimidad termina por rozar con la manipulación.

Basta con dar una rápida mirada a las redes sociales para darse cuenta quiénes están en campaña. Aparecen los que sin reparo se atribuyen causas ciudadanas, los que echan mano de la polarización y aquellos que con ánimo desestabilizador instrumentalizan a la población. La candidatitis sobrepasa cualquier límite.

Alebrestar a las masas con discursos populistas para alimentar el descontento siempre será taquillero, pero es irresponsable. Las ligerezas, reflejo de la poca voluntad de nuestros políticos para construir país, se nutren de los vacíos de un débil gobierno y los afectados terminamos siendo todos.

En un momento de efervescencia como el actual, prometer un referendo revocatorio al mandato del presidente que la Constitución no permite demuestra el afán del senador Roy Barreras por hacerse notar. Es imprudente, por decir lo menos, aprovechar el desconocimiento generalizado de las normas para avivar enojos ad portas de un nuevo paro nacional.

También desluce y preocupa el espectáculo bochornoso en el que se convirtió el manejo de la logística para recibir a la minga indígena en Bogotá. Cuando los mandatarios locales ejercen pensando en futuras postulaciones presidenciales la gestión pública se rebaja a un perjudicial juego de ajedrez. La estrategia: fabricar enemistades y sembrar rencores. El trofeo: una sociedad que se divide en bandos irreconciliables.

Mientras un país radicalizado se vuelve el caldo de cultivo para obtener réditos políticos, el senador Gustavo Petro sigue fiel a la forma de hacer oposición que prometió encabezar. Vía Twitter pregunta si el presidente está del lado de los asesinos o los asesinados, y con sus palabras, calienta aún más los crispados ánimos para salir a protestar.

Colombia demuestra estar lejos de unirse y le espera a este gobierno un resto de mandato muy difícil. No importa el virus ni la urgencia de una reactivación responsable, el hambre de poder entre quienes se autoproclaman gestores del cambio enceguece y separa.

Todo indica que las calles, con un amplio abanico de interesados tras bambalinas moviendo sus hilos, serán el escenario en el que se desarrollará la próxima puja electoral.