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Una búsqueda engañosa para los republicanos sensatos

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angel valentin/the new york times

Es una analogía dudosa: en 2008 la crisis avanzaba rápido, y gente como el Sr. Paulson podía advertir creíblemente que a menos que Estados Unidos actuara, toda la economía mundial se vendría abajo en cuestión de días. Mientras tanto, el cambio climático es lento pero inexorable, con enorme inercia; para cuando se vuelva innegable que hay una crisis, será muy tarde para evitar la catástrofe.

Pero eso no es lo lamentable respecto al artículo del Sr. Paulson. No, lo triste es que imagina que hay alguien escuchando en el partido que aún considera suyo. Aterrice Sr. Paulson: el Partido Republicano que se imagina, el que respeta la ciencia y que incluso está dispuesto a considerar intervenciones gubernamentales amigables con el mercado como los impuestos al carbono, ya no existe. Las riendas del poder ahora descansan firmemente, irreversiblemente, en manos de hombres que creen que el cambio climático es un engaño tramado por científicos liberales para justificar al Gobierno Grande, y que se niegan a admitir que se pueda llegar a justificar la intervención gubernamental para corregir fallas del mercado.

Dado el estado actual de la política estadounidense, la acción climática depende por completo de los demócratas. Con un demócrata en la Casa Blanca, tuvimos cierto movimiento vía acción ejecutiva; si los demócratas eventualmente recuperan la Cámara de Representantes, podría haber más.

Si el Sr. Paulson cree que puede apoyar a los republicanos y al mismo tiempo pugnar a favor de la acción climática, se está engañando.

La responsabilidad social de los expertos

El economista Jared Bernstein se angustió recientemente en su blog por el papel de los análisis de expertos en un ambiente político donde “los hechos y la política inteligente están de escapada”. Es algo que también me preocupa.

Por un lado, si los expertos no señalan qué es lo que realmente deberíamos estar haciendo, ¿quién lo hará? Para tomar un ejemplo actual acuciante, pudiera ser que nadie de la corriente principal de la política británica esté dispuesto a tomar una posición contraria a la austeridad, pero pese a eso los economistas deberían seguir señalando que ello realmente es una mala política.

Por otro lado, si los expertos solo proponen cosas que no sucederán, ¿de qué sirven?

La mejor respuesta que se me ocurre es trabajar con dos caminos; hablar de las mejores políticas pero también estar preparados para apoyar políticas del orden de “segundo mejor” si eso es lo que hay. El Obamacare fue una Máquina de Rube Goldberg que aún así es mejor que nada, y está funcionando. Los impuestos al carbono serían el camino a tomar en un mundo mejor, pero en éste, varias acciones administrativas tal vez sean lo mejor que podemos hacer.

Es un acto de equilibrismo complicado. No se quiere renunciar a las buenas ideas y hacer que compromisos políticos fallidos parezcan mejores de lo que son; y si son muy malos, hay que oponérseles (¿Y cómo sabemos si son muy malos? Umm…) Pero como experto, alguien ciertamente no ha hecho su trabajo si simplemente explica su elaborada teoría y se aleja de las verdaderas decisiones que hay.

Nadie dijo que la vida iba a ser fácil.

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