Analistas

¿Por qué los economistas llegaron tarde a la desigualdad en el ingreso?

Permítanme retroceder un poco. Hablando en términos generales, hay dos tipos de análisis de distribución del ingreso que conviene conducir. Uno conlleva la distribución del ingreso entre factores; capital versus trabajo, y trabajo altamente calificado versus trabajo menos capacitado. Los economistas nunca perdieron de pista esta cuestión, que es una inquietud clásica; de hecho es un tema importante en la obra de David Ricardo, y puede modelarse en términos de la clásica teoría de productividad marginal. En mi campo de estudio original (el comercio), los debates sobre los efectos del comercio sobre la educación de primera fueron una preocupación importante durante toda la década de 1990.

El otro análisis conlleva la distribución personal del ingreso y la riqueza. ¿Por qué ganan tanto los banqueros? ¿Por qué se amplió tan drásticamente la brecha entre los directores ejecutivos y el trabajador promedio después de 1980?

Y esta es la cosa: realmente no sabemos cómo modelar la distribución del ingreso personal. En el mejor de los casos tenemos algunos escenarios ad hoc medio plausibles. Parte del motivo por el cual el economista Thomas Piketty causó tanta conmoción hace unos años fue porque presentó el bosquejo de un modelo de desigualdad en la riqueza vinculado con números macroeconómicos más amplios, lo que nos permitió hablar de algo sistemático. Sin embargo, el propio Piketty concede que, hasta el momento, el gran auge de la desigualdad ha venido de un incremento en la cola derecha de los ingresos, que pudo haberse relacionado con las normas, pero que en cualquiera de los casos no está bien explicado por ningún modelo que tengamos ahora.

Vale la pena señalar que no solo estamos hablando de un problema que involucre a economistas neoclásico anglosajones. Nadie maneja bien la distribución personal. Marx, por ejemplo, se centra por completo en la distribución entre factores; su libro se intitula “El Capital”, no “El 1 Por Ciento”, y no tiene nada que ayude a entender los últimos 30 años.

Pero tal vez se esté preguntando si no deberíamos estudiar temas importantes incluso en ausencia de buenos modelos. Bueno, sí, pero la capacidad de decir algo interesante efectivamente afecta los temas de investigación, y eso solo se justifica hasta cierto punto. Recuerde “The Simple Art of Murder”, el ensayo de 1950 de Raymond Chandler: “Manteniendo todo lo demás constante, cosa que nunca pasa, un tema más fuerte provocará un desempeño más fuerte. No obstante, se han escrito algunos libros muy aburridos sobre Dios, y se han escrito libros muy buenos sobre cómo ganarse la vida y seguir siendo bastante honesto”.

Cierto, en este punto los economistas están trabajando mucho más en la distribución personal del ingreso; principalmente es un trabajo empírico, parte de la revolución de datos en el campo. Y eso es bueno. Pero, tienen una mejor excusa de lo que la gente cree para no haber hecho más de esto antes.