Analistas

El republicano moderado ya es historia

Mark Thoma recientemente atrapó a Kevin Hassett jugando para el Equipo Republicano. En su blog Economist’s View, el Sr. Thoma señala un artículo de opinión publicado en Internet por NationalReview donde el Sr. Hassett, economista del Instituto American Enterprise, escribe: “No es coincidencia que el sector privado esté despegando mientras que el estímulo gubernamental se está extinguiendo … los años de actividad contenida que reprimimos por la incertidumbre con las políticas de Obama finalmente se están liberando. Gracias a Dios por la trabazón política”.

El Sr. Thoma lo contrasta con un intercambio de palabras en una audiencia del Congreso de febrero de 2001, donde el Sr. Hassett dijo: "A los economistas que lo estudiaron les sorprendió mucho descubrir que la política fiscal en las recesiones es razonablemente eficaz. Sólo que la gente lanza un primer envión demasiado ligero y generalmente no aplica grandes medidas sino hasta bien entrada la recesión. Entonces, la política fiscal no nos ha sacado antes de una recesión porque la retrasamos".

Realmente no sorprende. Pero el hallazgo del Sr. Thoma me hizo pensar: ¿qué cosa, si la hay, haría que los intelectuales conservadores razonables y moderados aceptaran que el Partido Republicano ya no tiene cabida para ellos?
Y es que este tipo de gente sí existe – o al menos la postura. Puede creer que el Estado benefactor es muy grande sin creer que los desempleados simplemente son flojos; puede creer que una política monetaria, y especialmente fiscal, más activa sería un error sin practicar macroeconomía del oscurantismo. Obviamente discrepo, pero puedo entender que una persona razonable tenga esa opinión.
 
Pero éstas no sonlas opiniones que prevalecen, ni que efectivamente sean consideradas incluso marginalmente aceptables, en el Partido Republicano actual. El partido moderno es, en cuestiones sociales, el partido de Rush Limbaugh y Rick Santorum; en temas económicos, es el partido de Ron Paul y Arthur Laffer. Nadie con aspiraciones políticas dentro del Partido Republicano se atreve a contender estas opiniones; los intentos por defender a Mitt Romney dependen por completo de la proposición, o incluso tal vez esperanza, de que todo lo que dice es mentira (lo que en cualquiera de los casos parece un buen supuesto).
Y no, no hay nada comparable del otro lado. Cierto, el Presidente Obama practica algunos juegos de palabras – pero por sus dichos y hechos es un liberal moderado, un político ligeramente intervencionista a quien ni los liberales ni los conservadores moderados (a decir verdad) deberían encontrar especialmente alarmante.
 
Entonces, ¿cuándo van a saltar de barco los conservadores razonables? David Frum, comentarista y ex asesor del presidente George W. Bush, y Bruce Bartlett, ex asesor del presidente Ronald Reagan, han logrado la hazaña, ¿pero quién más?
Por supuesto, tal vez la gente que nos parece razonable de hecho no lo es. Algunos bloggers supuestamente liberales han bajado la guardia, mostrándose a favor de la vil ley sonda de Virginia y del ataque de "zorra" de Rush Limbaugh, revelando en el proceso que toda la sensatez sólo era fachada.
 
Pero lo principal que está pasando, creo, es una ambición cínica – una falta de voluntad para impulsar las esperanzas de ganar las elecciones y aprovechar la influencia que vendría de admitir que éste no es el Partido Republicano de antes.