.
Analistas 10/07/2021

Un enfoque clave en la formación

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

En el contexto de la educación superior, el proceso educativo ha tenido siempre el objetivo de desarrollar en el estudiante un aprendizaje que permita incorporar las competencias y habilidades pertinentes para ingresar al mundo laboral, y del emprendimiento. Asimismo, podemos decir, que ese proceso tiene la responsabilidad de formar para una ciudadanía capaz de aportar al desarrollo sostenible en el ámbito local, regional y global.

El desafío es apostarle a un proceso de aprendizaje que prepare a los futuros graduados para el presente y el futuro de la humanidad, aunque el panorama esté lleno de incertidumbres acentuadas por la pandemia del covid-19 que aún vivimos. Investigaciones y estudios recientes sobre la educación superior son cada vez más contundentes -y hasta reiterativos- en tipificar y profundizar en las competencias y habilidades críticas de la formación actual de los estudiantes para un contexto cambiante, y es en ese sentido, que cobra especial importancia la adaptabilidad como habilidad clave. De igual forma, expertos de la educación superior alrededor del mundo señalan que el núcleo de las competencias y habilidades futuras es la base de la autosuficiencia adaptable. Según Ulf-Daniel Ehlers -en Future Skills: The Future of Learning and Higher Education-, “…las llamadas autocompetencias, como el aprendizaje autodirigido permiten a las personas realizar de manera productiva los procesos de adaptación necesarios en contextos altamente emergentes”.

Siguiendo estos novedosos conceptos, las Instituciones de Educación Superior (IES) han comenzado a desarrollar cursos sobre el desarrollo de la adaptabilidad profesional para la competitividad, conscientes de que este es el camino para generar capacidades adaptables en los estudiantes y futuros graduados, respondiendo así, con pertinencia a las necesidades de un mundo en constante transformación, y con una vertiginosa exigencia y dinámica de nuevas habilidades y competencias acordes con la rotación y aceleración tecnológica propia de la cuarta revolución industrial.

Para no caer en el desgaste de una permanente actualización o modificación radical de planes de estudios de los programas académicos, es necesario que las IES proyecten sus propuestas académicas basándolas en la preparación de estudiantes y graduados, con capacidad adaptación, y de aprender a aprender y a desaprender. Una oferta académica, con una base de desarrollo de habilidades transversales transferibles, tendrá éxito en graduar estudiantes capaces de navegar por un territorio inexplorado y en constante evolución. El futuro graduado debe ser un ser humano integral adaptable en su vida personal, profesional y laboral (y de emprendedor). Esto le permite afrontar rápidamente el ritmo del cambio y la obsolescencia de conocimientos y habilidades, cuestionar las consecuencias del cambio y analizar éticamente los descubrimientos científicos y las innovaciones tecnológicas, vivir en la era digital, y ser consciente de los peligros de las crecientes inequidades sociales y de los daños al clima y a la biodiversidad del planeta.

Con ello, me atrevo a decir -con certeza- que la educación superior está llamada a responder a las demandas y necesidades de un mundo cambiante, y por tanto, las IES deben evaluar los aprendizajes de sus estudiantes en el proceso formativo bajo el enfoque clave de adaptabilidad. Esperamos que esta evaluación permita mirar en el detalle si el estudiante es capaz de: resolver problemas complejos; de generar innovaciones; de tener la mente abierta a los problemas y a la creatividad para gestar ideas y proponer y ejecutar soluciones pertinentes; de regular su autoaprendizaje; de tener una actitud positiva frente a su práctica profesional y futuro laboral; de trabajar de manera colaborativa y en equipo; de liderar con asertividad; y de estar orientado a la realidad de los contextos y mercados.