.
Analistas 18/09/2021

Recesión democrática: ¿cómo educar?

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

Tuve la oportunidad de participar hace unos días en un seminario internacional sobre el papel de las universidades en la construcción de un mundo que haga posible su desarrollo en la perspectiva del nuevo humanismo, comprendido este como la capacidad que tiene el ser humano de ir más allá de su propia autonomía y libertad para entroncarse con las dinámicas relacionales que lo hagan plenamente realizado y feliz.

Para alcanzar este ideal posmoderno se hace necesario superar las complejidades del mundo actual que, con enfoque geopolítico, han hecho surgir expresiones que pueden estar aumentando las condiciones sociales de dolor e incertidumbres de los países, no solo los menos desarrollados sino también de aquellos estados con mayor poder económico.

Estas expresiones están relacionadas con manifestaciones que ponen en pausa las dinámicas políticas o de gobierno propias de los sistemas democráticos que les sustentan, dando pie al aparecimiento de nacionalismos crecientes y con tintes de extrema derecha o de izquierda, con sus retóricas de xenofobia, de restricciones a la libertad de las personas, al proteccionismo económico, a la negación de la ciencia relacionada con el cambio climático y el medio ambiente; y el surgimiento y empoderamiento de demagogos y autócratas.

A toda esta situación social y política, con sus repercusiones culturales, se une el actual momento de incertidumbre que el mundo ha vivido en torno a la pandemia y que eleva aún más las expresiones de los unos y de los otros (los populistas de derecha o de izquierda) que refuerzan con sus teorías conspiracionistas manifestaciones de su actuación, dejando mayor dolor en la vida de los más afectados por los impactos de la crisis de salud mundial.

De igual modo, las dinámicas de un mundo globalizado, la realidad de una revolución digital con sus implicaciones en el uso ubicuo de las redes sociales y la velocidad de la migración se convierten en tractores y palancas de un populismo venido de cualquier corriente que perjudica a los más necesitados.

En este marco de realidad, que no deja de ser compleja por ninguno de los lados, la pregunta que surge es ¿cómo apoyar la democracia que tanto requiere el mundo de hoy para que no camine al acantilado de los fascismos y totalitarismos que ya en otra época de la historia se vivieron? Y, en relación con nuestra temática educativa, ¿cuál es el papel que deben jugar las Instituciones de Educación Superior? Se trata de un ejercicio de formación crítica en el pensamiento y acción de sus estudiantes, pero también de sus profesores que sueñen y emprendan acciones que posibiliten una política de lo que -en este último año- hemos conocido como “la paz social” (Cfr. Francisco 2020, FT), es decir, la de la fraternidad y la del bien común para todos sin excepción.

La misión de la IES es articularse con las situaciones de la realidad y, en este marco, con el anhelo de un mundo más en paz y equitativo, están invitadas a que -desde sus acciones sustantivas- desarrollen un objetivo de construcción de la ciudadanía más significativo para el bien de las naciones y sociedades. Construir el bien común es el desafío mayor que esta sociedad requiere donde los valores de la fraternidad y solidaridad primen, y sean los que permitan unos sistemas políticos y económicos menos individualistas. Nada nos merecemos, todo lo podemos ofrecer.

El pensamiento crítico es un factor indispensable para el trabajo académico, que no es adoctrinamiento ni ideologización para ninguno de los dos lados, como lo expresé anteriormente. En un tiempo de muchas preguntas, como el que vivimos, debemos alejarnos de la concepción de que las IES son simplemente un espacio para el estudio de ideas alejadas de los desafíos cotidianos que enfrentamos. Las crisis -como las de la democracia y otras- pueden ser momentos de entropías, pero también tienen el potencial de un cambio a largo plazo para un futuro mejor y más democrático.