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Muchas preguntas han surgido a lo largo de los últimos meses en torno a la educación y su propuesta concreta para formar a la actual generación y a las venideras. En medio de la incertidumbre y tendencias de estos tiempos, que de alguna manera han impactado la dimensión educativa de los pueblos, es necesario encontrar la respuesta más coherente y eficaz para que alcancemos el propósito central de un proyecto de educación orientado al desarrollo humano social integral y sostenible.
La misión más importante de las Instituciones de Educación Superior (IES) y de sus mediadores en la persona de sus maestros es atraer a los estudiantes a una experiencia significativa de lo que es el conocimiento y sus implicaciones -inclusive desde una responsabilidad ética- para el desarrollo y bienestar de la humanidad. El quehacer de la ciencia y tecnología con la ética jamás podrán excluirse. El proceso educativo debe tender siempre al propósito de comprender cada vez más las realidades complejas del devenir de la historia del hombre, y de su entorno, con sus múltiples necesidades. Se trata entonces de lograr saberes o de profundizar en ellos, y en el para qué de los mismos, es decir una búsqueda de generación de nuevo conocimiento, que su vez, tenga aplicabilidad o que se apropie socialmente.
El conocimiento generado en las IES es parte de lo que en su proceso de aprendizaje los estudiantes van interiorizando a través de los métodos intelectuales, las técnicas precisas, los procesos pedagógicos y didácticos, pero también ese acervo de actitudes de una comunidad académica comprometida con valores y principios que permite complementar el desarrollo de la propia vida de los educandos, para poder integrarse como miembros activos a las comunidades con quienes interactúan. Sólo así la generación, gestión y apropiación de conocimiento presenta un saber que integra a la vida, pero también ese cumulo de valores y principios para asimilar y ponerlos en práctica en la realidad de los contextos.
Por lo anterior, es necesario que las IES asuman la tarea y responsabilidad de un desarrollo curricular más coherente y consistente con el desafío de lograr una formación que valorice las competencias y habilidades del saber y del saber hacer, pero también de aquellas que permiten que el estudiante y futuro graduado aprenda a convivir con los demás, y a comprometerse en la construcción de una sociedad más humana, fraterna y en paz. La revisión del proyecto curricular de los programas académicos, considerando las distintas áreas de conocimiento, resulta ser un imperativo presente y futuro de las IES para alcanzar un aprendizaje mucho más virtuoso en perspectiva de compromiso social con la realidad que vivimos o viviremos. En este sentido, me uno a lo que el afamado profesor de Harvard, Michael Sandel ha expresado en su último libro La tiranía del mérito … “La educación siempre será una apuesta que intrínsicamente tiene un propósito para construir el bien común y no para destruirlo. La educación superior no se puede instrumentalizar” ... Se trata de que las ciencias pasen de sus contenidos, de solo los datos, a los significados más profundos, encaminándose en la búsqueda apasionada del bien para todos. Finalmente, si todo lo ya expuesto no se traduce curricularmente, quedará relegado a iniciativas paralelas, voluntarias, esporádicas, fragmentadas y sin mayor incidencia en la formación para la vida, en una formación que vele y asegure el desarrollo humano social integral y sostenible, y de ahí la importancia para la educación de un currículo transformado.
Puede que no suene popular, puede que suene anticuado, pero llega un momento en que nos saturamos de tanta información, de tanto mundo digital, y vamos perdiendo humanidad, espiritualidad y sentido de la vida
La autoridad también se desgasta cuando no deja aire. A veces se habla mucho por responsabilidad: para dar claridad, para sostener control, para evitar que el silencio parezca duda. Pero liderar no es ocupar todo el espacio con certezas
La protección de los suelos ambientales es, sin duda, un objetivo legítimo y necesario, pero su materialización no puede desconocer el derecho de propiedad ni los principios de equidad y de distribución justa de cargas y beneficios