Turismo: nuevo petróleo colombiano

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Colombia tiene un tesoro de enorme potencial del que muchos de sus ciudadanos no son conscientes. Y lo tiene por el mero hecho de su situación geográfica y por los atributos naturales, culturales e históricos que posee. Cuando se piensa en Colombia, la imagen es la de un país cafetalero y petrolero. Pero también es (y lo puede ser aún más en el futuro) potencia en el ámbito turístico. Colombia alberga esta riqueza interna que puede transformarse en una de las locomotoras que arrastre e impulse al conjunto de la economía.

El turismo, bien tratado, planificado y administrado, es una fuente que tiene un efecto de arrastre que contribuye a la prosperidad general. Pero requiere ser incentivado y cuidado. Necesita para desarrollarse que existan niveles razonables de seguridad ciudadana; infraestructuras físicas, logísticas y hoteleras de excelencia; una oferta diversificada y un capital humano profesional, formalizado laboralmente y con el adecuado know how.

Colombia está en camino de alcanzar, con plenitud, esos ítems. La desaparición de las Farc como guerrilla ha transformado la imagen del país en el exterior. Por más que viajar a Cartagena o a Villa de Leyva hace años que ya no conlleva peligro, ha habido un salto cualitativo en la sensación de seguridad que se percibe internacionalmente, lo que permite que el número de turistas se incremente. Eso ya está ocurriendo: hace cinco años Colombia acogía a 3,5 millones de turistas y en 2018 recibió casi un millón más (4,38 millones), con un alza de 10,4% respecto al año anterior. Y una de las razones de ese aumento está en la sensación de mayor seguridad que ofrece el país como destino para visitantes extranjeros.

Siendo destacables estos números, hay que ser conscientes de lo mucho que queda por hacer pues otros países van muy por delante (México recibió en 2017, 39,3 millones de turistas). Quizá Colombia tarde en llegar al nivel mexicano, pero a corto y medio plazo cuenta con los mimbres para reducir la distancia. El salto cuantitativo y cualitativo debe venir por el lado de la inversión en capital físico y humano.

En cuanto al capital físico, el Gobierno de Iván Duque tiene como una de sus metas dar continuidad y mejorar lo hecho por anteriores administraciones para modernizar la economía, lo que implica apostar por las infraestructuras, incluido el mejoramiento de la red hotelera y de las plataformas digitales para el sector. Todo ello debe correr en paralelo con otras medidas enfocadas a crear esquemas de financiación, fomento de la inversión exterior y, sobre todo, introducir valor agregado y una oferta diversificada.

Esta visión que la nueva Administración tiene de la actividad turística fue detallada en Madrid en la reciente edición de Fitur tanto por el viceministro de Turismo, Juan Pablo Franky, como por la presidenta de ProColombia, Flavia Santoro. Franky resaltó las ventajas de la nueva Ley de Financiamiento ante unos empresarios muy interesados por el país. Santoro, a su vez, destacó que el turismo se ha convertido en pilar fundamental para el desarrollo de Colombia y en segundo generador de divisas.

Tiene razón Saúl Pineda (viceministro de Desarrollo Empresarial del Ministerio de Comercio) cuando afirma que “Colombia está convirtiendo el turismo en el nuevo petróleo”. Pero hay que hacer una salvedad: se trata de un “nuevo petróleo” con virtudes que no posee el ‘oro negro’: no se agota, es una “industria sin chimeneas” y permite que la prosperidad alcance a más personas y sectores.

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