“¿Puede la democracia sobrevivir a la pandemia? tituló en una portada el New York Times Magazine, el pasado 10 de mayo.

Aunque el artículo estaba enfocado en el ambiente electoral polarizado que se respira en Estados Unidos, de cara a las elecciones de noviembre, en Colombia varios analistas ya han advertido que la actual crisis del covid 19, que ha provocado la peor recesión en la historia del país, está creando un escenario favorable para el populismo y el surgimiento de liderazgos autoritarios.

“La opción de no pagar cuentas, aumentar el tamaño del Estado, prometer de todo y evadir las decisiones difíciles es el escenario perfecto para el socialismo del siglo XXI”, dijo el ex ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, en una entrevista reciente.

En un libro publicado el año pasado, “Liberalismo en tiempos de cólera”, el economista chileno Andrés Velasco sostiene que, si el conflicto político en la segunda mitad del siglo XX fue entre la derecha y la izquierda, el gran conflicto del sigo XXI será entre los populistas (de derecha e izquierda) y los defensores de la democracia liberal.

“El populismo avanza no solo porque lo adopten líderes carismáticos, o porque gana votos haciendo caso omiso de las reglas de juego de la ortodoxia económica, sino porque ofrece una alternativa política e ideológica potente: la negación de la complejidad, el antipluralismo y la versión torcida de la legitimidad política y la representación”, explica.

Frente al tema hay varias aproximaciones. En un libro publicado en 2001, “De populistas, mandarines y violencias”, el historiador Marco Palacios lanzó la polémica hipótesis de que el país se habría ahorrado gran parte de La Violencia y las violencias posteriores, si a mediados del siglo XX hubiese experimentado la etapa populista.

“El populismo, con todas sus fallas de política económica y proclividades autoritarias, fue una etapa fatal que sirvió para integrar el pueblo a la Nación y fortalecer el Estado”.

En un texto clásico, “La Macroeconomía del Populismo en América Latina”, Sebastián Edwards y Rudiger Dornbusch, señalan que los episodios de la economía populista tuvieron efectos desastrosos para los grupos que supuestamente habrían de ser los beneficiados.

“El resultado de estos experimentos fue una inflación galopante, caída de los salarios reales, la crisis y el colapso del sistema económico”.

Además de haber contado con una tecnocracia calificada, aunque no exenta de errores, Colombia pudo escapar hasta ahora al fenómeno por la diversidad de su economía y por ser un país de regiones, cuyas élites pugnaban por intereses que no siempre eran los mismos, según el economista y sociólogo Mancur Olson.

Pero, tal como lo afirma el columnista Bello, en The Economist, cuando la curva de la pandemia se aplane sus consecuencias económicas y sociales persistirán, y es probable que la ira resurja y se dirija contra los Gobiernos y la clase política, lo cual creará un ambiente propicio para la ruptura del status quo.

¿Seremos capaces de construir una agenda nacional compartida -como lo pide Eduardo Pizarro, en un reciente ensayo- para evitar recorrer el camino que ya han transitado algunos de nuestros vecinos del continente con resultados desastrosos?