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Analistas 02/06/2021

Desigualdad en el impacto de la mortalidad por covid-19

Mauricio Santa María - Anif
Mauricio Santa María S., presidente de Anif

Como hemos mostrado en columna previas, las estrategias restrictivas utilizadas durante la pandemia han tenido una fuerte repercusión en los ámbitos sociales y económicos. Con el objetivo de continuar visibilizando las poblaciones más afectadas a través de nuestros análisis, en esta columna examinaremos la desigualdad presente en la mortalidad asociable a SARS-CoV-2. Para ello, empezaremos por detallar los datos nacionales de muertes en diversas categorías y agrupaciones que muestren la relación entre sexo, estrato socioeconómico y edad que dé cuenta de los contrastes y brechas en el riesgo de muerte. Después, revisaremos la variación que experimentó la población colombiana en la distribución de sus clases sociales, la cual podría tener repercusiones futuras en la mortalidad, expectativa y calidad de vida. Como ya es costumbre, nuestro tema central estará acompañado por los datos más importantes sobre el avance del proceso de vacunación.

Situación epidemiológica

El impacto de la mortalidad por covid-19 muestra una relación clara con el estrato socioeconómico. Para profundizar sobre este fenómeno, solicitamos datos nacionales al Ministerio de Salud sobre mortalidad según sexo, edad y estrato socioeconómico. La brecha de muertes entre estratos uno al tres, y cuatro al seis fue considerable durante la primera parte de la pandemia en 2020. Sin embargo, tras el levantamiento de la cuarentena nacional, desde el 1 de septiembre, parece haber disminuido bastante.

El cierre de la brecha también se puede apreciar, además, nos muestran la gran diferencia que existe entre el riesgo de muerte asociado a covid-19 entre hombres y mujeres.

No obstante, los datos por grupos de edad muestran que hay brechas persistentes dentro de la población de adultos mayores. Se espera que, como ha sugerido el Minsalud, estas brechas se vean disminuidas en los meses de mayo y junio con el avance del plan de vacunación, y que la mortalidad en el grupo de adultos mayores continúe reduciéndose.

Sin embargo, las brechas de mortalidad no sólo se observan en los grupos de adultos mayores sino también en los de adultos jóvenes e incluso en niñas y niños. Por esta razón, deberían considerarse estrategias que busquen mejorar las condiciones de vida en todos los grupos de estratos bajos.

Ahora, estos datos cuentan con limitaciones:

• Los estratos socioeconómicos, si bien dan una noción sobre la pobreza, no son del todo exactos dada la heterogeneidad de los modos de vida y la pobreza oculta.

• Aproximadamente, 12% de las muertes por covid-19, con corte a 12 de mayo, no han sido asignadas a un estrato socioeconómico.

• La distribución de la población, según estrato socioeconómico, puede haber sufrido variaciones considerables durante 2020.

Sobre este último punto, queremos profundizar dado que también refleja los daños ocasionados por las medidas restrictivas implementadas durante 2020. Por ejemplo, al mirar las variaciones, con respecto a 2019, se podría plantear que los datos poblacionales según estrato socioeconómico del Censo de 2018 ya no serían tan fiables. Esto plantearía un problema para el levantamiento de datos e implementación de políticas públicas y es una situación particularmente preocupante en ciudades como Bogotá y Barranquilla. De las 23 ciudades principales, de acuerdo al Dane, Bogotá fue la quinta que más población de clase media perdió, con una caída de 9 puntos porcentuales; mientras Barranquilla fue la que más aumentó en población pobre, con 15 puntos porcentuales.

Estos cambios en la conformación de la población también podrían plantear un panorama negativo a mediano y largo plazo en cuanto a los resultados de mortalidad, expectativa y calidad de vida. Es necesario que se realicen registros y estimaciones que puedan guiar la determinación de políticas públicas que logren mitigar esos probables impactos futuros.

Por otro lado, los datos que presentamos se encuentran normalizados por población, pero lo que debería guiar las decisiones públicas son las muertes absolutas que se encuentran ubicadas mayoritariamente en los estratos uno al tres. Resaltamos este hecho particular dado que, mientras se continúen implementando medidas generalistas de poca o nula adherencia en esta población, la efectividad en la reducción de mortalidad será muy baja y la infraestructura hospitalaria seguirá soportando presión.

Además, es extraño que, aunque hace meses se cuenta con herramientas y datos como los que ofrece el mapa de vulnerabilidad del Dane, el cual muestra ubicación por manzana de población mayor de 60 años e incluso señala el índice de pobreza multidimensional, los gobiernos locales no hayan diseñado estrategias focalizadas de mitigación. Eso habría podido también facilitar la implementación del plan de vacunación.

Estado de vacunación

Colombia ronda 10 millones de dosis aplicadas. De acuerdo con las cifras con corte 30 de mayo, se han aplicado 9,8 millones de vacunas, de las cuales 3,2 millones corresponden a segundas dosis. Estas cifras significan que 12,8% de la población cuenta con al menos una dosis, mientras que 6.4% ya completo el proceso de inmunización.

En la cuarta semana de mayo el PNV retomó el ritmo de vacunación que llevaba durante las primeras semanas. Parece entonces que la ralentización de la tercera semana fue temporal. Mientras que durante el primer tramo de mayo se aplicaron, en promedio, 160.000 dosis diarias, en la tercera semana se aplicaron 120.000 vacunas diarias, cifra 25% menor a la que veníamos acostumbrados, ver Gráfico 10. Por otro lado, en la cuarta semana se aplicaron 1.357.001 vacunas. Esto significa que se aplicaron, en promedio, 217.385 dosis diarias, lo que es el mejor desempeño durante una semana desde que empezó el PNV. El sabado 29 se superó por primera vez el umbral de las 300.000 vacunas, al aplicarse 313.163 dosis. Además, el buen ritmo se mantuvo el domingo; por primera vez se aplicaron más de 100.000 dosis en el último día de la semana. Desde ANIF hemos reiterado la importancia de utilizar al máximo la capacidad de vacunación del país durante los siete días de la semana. Normalmente se suelen aplicar 60% de las dosis que se aplicarían un día laboral durante los domingos, pero ayer se esta cifra se elevó al 75%. Si bien sigue siendo inferior al óptimo, es un paso en la dirección correcta.

En el Gráfico 11 se observan los días que se ha tomado el PNV por cada millón de dosis que han aplicado. Para el primer millón se tomaron 29 días y esta cifra ha venido cayendo a medida que avanza el PNV. Para los millones 6 y 7 se tomaron 6 días, lo que es el mínimo hasta ahora. Este indicador aumento a 7 días para los últimos dos millones de vacunas que se han aplicado. Es importante continuar con este ritmo y aprovechar la llegada de nuevas dosis para incluso acelerarlo.

La aceleración del PNV ha sido posible gracias a la llegada masiva de vacunas el mes de mayo. Mientras que entre febrero y abril se recibieron 8.077.084 dosis, tan solo este mes han llegado 6.162.960.

El creciente ritmo de vacunación en el país no es lo único que se debe mencionar esta semana. Desde ANIF hemos insistido en la necesidad de mejorar los datos de vacunación, que aún eran muy precarios en comparación con los de otros países. Los datos abiertos permiten realizarle un seguimiento al proceso de vacunación, como hemos hecho a partir de estos informes. Esta semana el gobierno lanzó un nuevo tablero de vacunación con información de dosis aplicadas desagregadas por grupo etario, laboratorio, priorización en el PNV e incluso por municipio. Esta información permitirá hacerle un seguimiento más detallado a la vacunación y asegurar la transparencia del mismo.

Consideraciones finales

Desde ANIF, proponemos nuevamente que se recupere la visión integral de la salud pública. Las consecuencias de las medidas restrictivas han recaído de manera desigual sobre la población más vulnerable y, pese a observar cierres en las brechas de mortalidad tras el levantamiento de la cuarentena nacional, persisten si miramos los datos por grupos de edad. Insistimos en reemplazar las restricciones, de beneficios inciertos y efectos adversos muy claros, por estrategias comunitarias-pedagógicas.

La flexibilización debe continuar su avance, hay que seguir el modelo de ciudades como Pereira, que hace ya casi un mes levantó las medidas sin ver consecuencias negativas en sus tasas de contagio. Vemos con buenos ojos que otras ciudades, como Barranquilla5 y Bogotá6, con resultados económicos y epidemiológicos muy negativos, por fin estén retomando el camino de la recuperación planteando modelos ágiles de reactivación.

Por todo lo anterior, reiteramos nuestro llamado a aunar esfuerzos por reestablecer el rumbo de la reactivación económica, otorgar incentivos al empleo femenino y abrir definitivamente las actividades comerciales y escolares. Por último, es necesario continuar agilizando la vacunación y facilitando al público la comprensión y conocimiento de sus avances y los beneficios que implica.