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El domingo los colombianos volverán a las urnas en una de las jornadas electorales más importantes. Ese día se realizarán simultáneamente las consultas interpartidistas, así como las elecciones para el Senado y la Cámara de Representantes. En las consultas, los ciudadanos podrán participar en la selección de los candidatos presidenciales, y en las legislativas elegirán a quienes integrarán el Congreso para el próximo período. Es un momento clave para definir no solo liderazgos, sino también el rumbo institucional del país.
Las elecciones legislativas suelen recibir menos atención que las presidenciales, pero son determinantes para la democracia. El Congreso no solo aprueba las leyes, también ejerce control político sobre el gobierno y representa la diversidad territorial y social del país. En la práctica, el equilibrio entre el Ejecutivo y el Legislativo define buena parte de la calidad de nuestras decisiones públicas. El Congreso ha servido en parte de contrapeso al llamado gobierno del cambio, frenando reformas inconvenientes como la de la salud, pero claramente podría hacerlo mucho mejor. Por eso es fundamental votar con conciencia y escoger muy bien el Congreso que elegiremos: uno capaz de ejercer control político y de hacer contrapeso efectivo frente a un eventual gobierno de extremos.
Sin embargo, el riesgo va mucho más allá. El país decidió darle la oportunidad a un gobierno de izquierda que se presentó como el gobierno del cambio. Pero sus resultados han sido muy negativos. En materia económica, el deterioro de la política fiscal está elevando cada vez más los riesgos sobre la estabilidad económica del país. En el ámbito social, el sistema de salud atraviesa una crisis creciente, con aumento en las quejas de los usuarios y desabastecimiento de medicamentos. A esto se suman el fracaso de la política de paz total, decisiones populistas como el aumento del salario mínimo desconectado de la realidad económica del país, la confrontación constante con las cortes y con el cumplimiento de la ley, y los crecientes escándalos de corrupción.
Este balance ha llevado al gobierno a refugiarse cada vez más en la polarización política. Y cuando los malos resultados se combinan con una estrategia de confrontación, el debate público tiende a desplazarse hacia posiciones cada vez más extremas. La izquierda plantea la posibilidad de convocar una asamblea constituyente para cambiar las reglas de juego y profundizar las políticas del llamado gobierno del cambio, y empiezan a ganar espacio discursos desde la derecha cada vez más radicales, con narrativas nacionalistas y religiosas.
Colombia, sin embargo, no necesita caer en un péndulo de extremos. El país sí requiere cambios: en la forma de impulsar el crecimiento económico y en la capacidad del Estado para responder a las demandas sociales. Pero esos cambios deben construirse dentro de las reglas democráticas y del equilibrio institucional que ha permitido estabilidad durante décadas.
Las elecciones que vienen no son solo una competencia entre partidos o candidatos. Son, al mismo tiempo, una oportunidad para fortalecer la democracia o un riesgo si el país termina inclinándose hacia los extremos. Votar no es solo un derecho; también es un deber.
Para empresas y ciudades, el reto no es solo atraer público, sino diseñar experiencias multisensoriales memorables. En la Colombia actual, consumir ya no es solo poseer: es vivir, sentir, grabar y postear