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Analistas 09/10/2021

Votemos por libertad y principios

Martín Pinzón Lemos
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo U. de la Sabana

Tras la crisis del coronavirus, Colombia encara unas elecciones presidenciales determinantes para su futuro. Al mismo tiempo, miles de jóvenes hemos adquirido voz, voto y mayor conciencia. Nosotros, el nuevo electorado, seremos decisivos en las próximas elecciones al Congreso y a la Presidencia.

Hay que abogar, como juventud colombiana, por los dos pilares fundamentales de un país próspero, vista la crisis pandémica y la violencia en los últimos 16 meses: la libertad y los principios. Las sociedades más sólidas cuentan con gran libertad, partiendo de lo económico hasta lo social, y unos valores, tanto nacionales e individuales, que les permiten sostenerse ante las máximas dificultades. Así, regiones como Singapur, Nueva Zelanda o Australia, algunos de los países con mayor libertad económica en el mundo, han solventado con creces la amenaza de la pandemia.

No se puede ser dichoso sin libertad. Esa lección la aprendimos a las malas: cuarentenas que boicotearon nuestros grados, primeros semestres, trabajos, proyectos, amistades, romances, etc. Ahora, cuando contamos con la facultad de seguir encerrados o romper los barrotes hacia la liberación, no debemos titubear. Como diría el historiador griego Tucídides: “El secreto de la felicidad está en la libertad y el secreto de la libertad, en el coraje”.

Dicho esto, seamos valientes como generación heredera de la patria, abrazando las ideas de la libertad. El libre mercado, las bajas tasas impositivas, menos prohibiciones limitantes y la reducción del Estado son las banderas del retorno del ser humano al core de la sociedad. Gracias a esta fórmula, miles de millones de personas hemos salido de la pobreza, creando la época de mayor abundancia en la historia. No permitamos que la corrupción, la burocracia y la politiquería torpedeen el crecimiento y el desarrollo.

Ahora bien, en un país más libre, tendremos la obligación de preservar las buenas costumbres, en aras de ganar una reputación, a fin de seguir desarrollándonos. De lo contrario, no habrá la suficiente confianza inversionista para que el comercio fluya hacia el bien común. La libertad abona el surgimiento de valores, rememorando a Montesquieu, ilustrado filósofo y jurista francés, quien profirió acertadamente: “Donde prepondera el mercado, las costumbres son dulces”.

¿Pero, cuáles son esos hábitos acaramelados? La respuesta la encontramos en Aristóteles, cuando asegura: “Toda virtud se resume en tratar justamente”. Dicho de otra forma, la justicia envuelve todos los valores, ya que estos, en definitiva, han de ser justos. Del mismo modo, no dilapidemos nuestro voto en promesas socialdemócratas o zurdas, que nos han llevado al nonagésimo segundo lugar en los índices de transparencia internacional.

Dentro de estos principios a defender, esenciales para una justicia verdadera, están la dignidad humana, la transparencia, el respeto, la familia, la ética, los valores y la tradición que nos ha hecho tan únicos. Nosotros, el futuro de Colombia, votando por primera vez en las elecciones de 2022, no exterminemos las costumbres ni los valores nacionales. Más bien, hagámoslos crecer a través de un candidato que los represente.

Escojamos a un ‘berraco’, a alguien ‘echado para adelante’, defensor vehemente de los principios democráticos, la libertad y la familia. Elijamos a un colombiano ejemplar.

Los jóvenes poseemos un poder que muchos subestiman. Decidiremos en las urnas qué tipo de Colombia anhelamos: si un país maniatado, encadenado por impuestos y ahogado por la amoralidad, junto a sus defensores de turno, o un futuro distinto. Soñemos con una Colombia más abierta, respetuosa de la dignidad humana y, finalmente, liberada. Rescatemos, con nuestra primera participación electoral, la libertad, la honestidad y al imperio de la ley, con principios democráticos. Aspiremos a la tierra que deseamos: una verdadera república liberal.