Les voy a contar la misma historia que se cuenta cada seis meses con el Congreso de la República. Pero como esta columna va dirigida a millennials, he de suponer que no todos la conocen. A senadores y representantes les quedan exactamente 15 días para salir y poco o nada se puede sacar de resultados. Durante estos días empezará el bloque de los pupitrazos donde se cuelan hábilmente varios micos en los proyectos, decenas más se hunden, y centenares ni siquiera son discutidos. Después de eso, las vacaciones más largas a las que tenga derecho colombiano alguno: tres meses. Tres de los cuatro que pueden descansar al año, porque en junio vuelven a irse.

Pero este periodo tiene un “algo” que lo hace más vergonzoso: no se debatieron las grandes reformas. El Congreso siempre termina hundiendo la reforma a la justicia, pero esta vez ni siquiera se radicó alguna. De reformas políticas no se hundió una sino dos, una de ellas, la que congelaba el salario de los legisladores. También se hundió una reforma pensional. Y la reforma a la salud que fue radicada con bombos y platillos el 20 de julio, no ha superado ni siquiera la etapa de audiencias públicas, es decir no se ha votado ni un solo artículo. Las reformas importantes para el país no existen, si existen se hunden y si no las hunden, no las discuten y terminan hundiéndose porque se les acaba el tiempo. En cambio, los proyectos que si pasan con diligencia, de verdad, dan pena. No porque no se trate de temas importantes -seguramente lo serán para alguna comunidad, o para el ego de algún dirigente- sino porque es increíble, que se tenga que gastar tiempo y recursos para aprobar algo así. Y acá abunda la creación de días y festividades, los homenajes y las estampillas.

Solo es echarle una ojeada a la agenda legislativa de esta semana para encontrar esta perla: una ley para crear “El día de la mutualidad” ¿Qué es?, un día para, según los autores, fortalecer todas las acciones que promuevan el desarrollo del valor mutual en la individualidad social”. Suena importante, pero, ¿así de mal estamos que se necesita una ley para eso?

Con la excusa del bicentenario vean estas nobles y útiles leyes que se están tramitando, la que crea el triángulo de la libertad, la que le rinde homenaje al municipio de Guayatá, honores a los héroes de Chorros Blancos y la que le otorga un galardón a Simona Amaya ¿No saben de quién, de dónde o de qué estoy hablando?, que sirva al menos de excusa para interesarse un poquito más por la historia.

También hay leyes para vincular a la nación en el aniversario de un colegio en Cúcuta y de otro en Chimichagua. Otra para autorizar a la Asamblea de Casanare a crear una estampilla. Y otras para celebrar los 117 años de Ituango y los 480 años de Santa fe de Antioquia.

El congreso muy preocupado por los homenajes las estampillas y los galardones mientras aplaza las tareas que tiene pendientes desde hace años y diría décadas: reglamentar la dosis mínima, la eutanasia o el aborto.

Lo único importante que se aprobará ojalá hoy mismo es la ley de las vacunas. Y es que demasiado negligentes serían sino la aprueban, ese proyecto es la única posibilidad que tiene Colombia de comprar las vacunas contra el covid-19 en enero de 2021. Y bueno, después de eso, el Congreso sentirá que hizo la tarea y hasta dejo aguinaldo navideño.