Analistas 24/06/2020

En Chocó se robaron las UCI

Se robaron las UCI y hasta la gasolina de las ambulancias. Y no estoy hablando en sentido figurado. En abril la gobernación de Chocó, a cargo del suspendido Ariel Palacios, firmó un contrato por $1.648 millones para dotar el Hospital San Francisco de Asís con unidades de cuidados intensivos. Hasta ahí todo normal. Pero escuchen esto: más de la mitad del valor de ese contrato son sobrecostos.

Tengo en mis manos un documento de la Contraloría que demuestra que contrario a salvar vidas, la compra de esas UCI en el Chocó sirvió para llenar los bolsillos de los mismos saqueadores de siempre. Mientras tanto la gente se sigue muriendo por falta de atención. Esto es tan descarado como inverosímil: por algunos suministros se pagó más de 200%. Por ejemplo, cada monitor de signos vitales costó $14.000.000 aunque su precio real es de $4.599.000; el electrocardiógrafo fue facturado a $12.500.000 y su valor es de $5.027.000 y por las bombas de infusión, que son más o menos el corazón de una UCI, se pagó $3.500.000 cuando en realidad cuestan $2.100.000.

Y si esos equipos al menos existieran, sería igual de grave, pero una que otra vida se habría salvado. Pero no, hay algo peor: más de la mitad no ha llegado al país. En el caso de las bombas de infusión la razón resulta más pasmosa. Hablé con el gobernador encargado Jeferson Menna, quien ha tenido que hacer un esfuerzo enorme para atender la emergencia en un departamento arrasado por la corrupción, me explicó que ni siquiera pasaron la aduana porque no tienen documentación.

Ahora vean esto, en el Chocó, donde la moneda de transacción para hacer licitaciones públicas parece ser la corrupción, solo basta con levantar un poco la mesa y las irregularidades empiezan a salir hasta en el contrato para dotar de combustible las ambulancias. Sí señores, hasta en eso hay sobrecostos. Era solo de $50 millones pero como dicen por ahí “le encontraron la comba al palo”. En abril justo cuando el galón de gasolina en Colombia era el más barato de los últimos años, la gobernación de Chocó lo pagó a $9.823. El precio promedio en el país era de $7.958 e incluso el galón más caro en ese momento se pagaba en Bogotá a $8.286. Se trata de una diferencia de menos de $2.000, pero de gota en gota los recursos públicos se los roban.

Y lo sacan de donde ya no hay nada. En el departamento hay médicos a los que les deben salarios desde 2006. Ósea no hay plata para pagarle al personal de salud, pero en algún lado encuentran para robar.

La solución no parece fácil. El Gobierno está tratando de ponerse al día, aunque en medio de una pandemia, que coge a todos por sorpresa las medidas parecen tardías o insuficientes, y en este caso, cada vez que resuelven un problema aparece otro peor: enviaron unidades de cuidados intensivos y cuando llegaron se dieron cuenta que no había personal para operarlo; enviaron médicos y especialistas y cuando llegaron se dieron cuenta que no había bombas de infusión. Cuando por fin amaron los ventiladores, se ocuparon de inmediato con pacientes, y ahora están en la cuenta regresiva para mandar más.

Lo dije en la anterior columna, en Chocó muchas cosas no funcionan, pero la corrupción es la madre de todos los males. Hoy reitero mi SOS por Chocó.