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Los próximos años se perfilan como un período de reajuste global forzado, marcado por los desafíos y las amenazas al orden basado en reglas y la tendencia a consolidar una geopolítica fundada en la ley del más fuerte. Un mundo en una fase de transaccionalidad extrema, donde la diplomacia tradicional es sustituida por una “diplomacia de amiguismo”, liderada por magnates y líderes autocráticos.
Desorden donde la paz empieza a dejar de ser un fin humanitario para convertirse en un activo económico. Los procesos de pacificación de Gaza y Ucrania son un ejemplo de esta monetización que busca réditos inmediatos para empresas del entorno de las grandes potencias, privatizando los beneficios de la reconstrucción.
Se avizora un aumento de la impunidad en el intervencionismo que permite el uso de la fuerza unilateral y ataques extrajudiciales para defender intereses nacionales, en especial en las zonas que se consideran propias o de proyección de las potencias. “Doctrina Neo Monroe”, o corolario de Trump a la Doctrina Monroe, a la que nos referimos al final del 2025 y comienzos del 2026.
Recientemente expirado el tratado de no proliferación de armas nucleares entre Rusia y Estados Unidos, y viendo que los conflictos se redefinen por una carrera de drones e inteligencia artificial militar, es muy preocupante que empresas tecnológicas privadas se integren directamente en la toma de decisiones bélicas.
Toda esta volatilidad se ve agravada por el recorte masivo de fondos de Estados Unidos y el retraso de pagos de China, Rusia y otros a la ONU, obligando a esta organización a una reducción drástica del sistema multilateral. El plan UN80 prevé recortes de 25% en el presupuesto global para finales de 2026, afectando, sobre todo, la ayuda humanitaria y las misiones de paz.
Ahora bien, este intencionado colapso financiero puede llegar a ser una oportunidad para el sistema multilateral, toda vez que la ONU se encamina a dejar de gravitar exclusivamente en torno a Washington. El retiro de EE.UU. al financiamiento multilateral para priorizar el gasto militar favorece a China, que emergerá como el principal financiador, preparando el terreno para que el Sur Global cobre mayor relevancia en la gobernanza mundial.
Adicionalmente, pese a que Trump o Putin aspiren a un reparto del mundo en bloques cerrados, este sería un modelo de simplificación errónea. Hoy, a diferencia de la Guerra Fría, existen interdependencias cruzadas en lo económico y tecnológico que hacen casi imposible la desunión plena entre las potencias. El mundo no se está dividiendo en tres esferas estables, sino en espacios permanentemente disputados y superpuestos, donde las potencias, por suerte, carecen del apoyo mayoritario en sus supuestas áreas naturales de influencia.
No obstante, si bien podemos desestimar la falacia de las esferas de influencia, sí preocupa la desconexión entre las prioridades de la alta geopolítica y las necesidades ciudadanas que genera -día tras día- una inestabilidad interna creciente. La generación Z no detendrá sus estallidos sociales, liderados por jóvenes frustrados por la corrupción, la desigualdad y el costo de la vivienda, educación, etc., trasladando su resistencia de las calles a las urnas o favoreciendo a candidatos outsiders.
Escenario fragmentado y volátil, lejos de un orden estable, si no salimos a reconstruirlo.
Nos jugamos nuestro futuro y no podemos ser ajenos a nuestra responsabilidad. Debemos acudir masivamente a las urnas a votar por quienes defienden la Constitución, nuestras libertades y derechos
El lenguaje que usamos no es inocente. Cuando llamamos a alguien equivocado, no solo cuestionamos su idea, cuestionamos su lugar en el mundo. Convertimos una diferencia en una jerarquía moral
El precio es un fenómeno social resultante de la interacción libre, donde proponemos términos de intercambio basados en la estimación de la valoración subjetiva del consumidor