Qué tristeza, hoy me levanté con el mensaje de un colombiano que está en India: “Hola al fin la Cancillería está habilitando un vuelo humanitario para volver, pero el tiquete cuesta $11 millones. Estamos recogiendo fondos a través de Vaki, ¿nos ayudas a difundir?” Y no entendí, ¿qué es lo humanitario de todo esto? ¿Que a un colombiano le dejen regresar a su país? ¿Que le cobren $11 millones por un boleto de vuelta; casi cuatro veces lo que ya había pagado por un tiquete que nunca usó? ¿O que la cancillería haga lo que tiene que hacer y se encargue de rescatar a los colombianos atrapados en otros países?

Y me preguntarán, ¿rescatar? Pues sí. Durante las últimas semanas he documentado la situación de cientos de ellos y sus historias son tan dolorosas como angustiantes. En India hay familias que ya duermen en la calle, difícilmente comen una vez al día y ya han sido atacadas y apedreadas, víctimas de tremendos movimientos xenófobos. En el caso de las mujeres es peor, sufren de asedio, abusos y a una de ellas ya intentaron violarla.
Y, ¿cuál ha sido la respuesta de la Cancillería? Silenciosa, indiferente, indolente. Estoy casi segura que al día de hoy la ministra Blum no se ha sentado a ver ni uno solo de los testimonios de colombianos, porque quien los ve, se le parte el corazón. Y ella sigue allí tan falta de empatía.

Tampoco creo que la canciller haya visto como varios colombianos fueron repelidos violentamente en Lima por la policía mientras intentaban buscar al cónsul. Les pegaron con bolillo. Sí, estaban violando la cuarentena, pero lo hicieron porque tienen hambre, sed y porque sus hijos están durmiendo en el piso. En este momento varios de ellos atraviesan Perú tratando de llegar a la frontera colombo-ecuatoriana. Son los nuevos caminantes, como los venezolanos que vemos en las carreteras del país, pero estos son colombianos desesperados que tratan de volver a casa.

Seguro que la respuesta a esta columna será que la cancillería ha tramitado varios vuelos humanitarios, ha traído muchos colombianos y traerá no sé cuántos más. Y en esa respuesta, esta lo más chocante: que presume de hacer una gestión, y una muy mala, que simplemente es su función. Cada centavo de cada vuelo es pagado y con creces por los bolsillos de los colombianos. Bien por quienes han podido regresar. Los otros mientras tanto esperan que les toque el turno, hacen vacas, préstamos, o colectas por internet, porque si llega el avión y no tienen para comprar el tiquete, les tocaría quedarse en India, Perú, Tailandia, Rusia, Malta, Emiratos, Indonesia. Son casi 10.000 colombianos varados en 40 países del mundo.

Tampoco se trata de que el Gobierno financie el regreso de todos. Pero sí que la canciller se siente y vea las historias; como si de verdad le preocuparan los colombianos en el exterior. Que analice a quienes debe traer de inmediato porque están enfermos, son mayores y se les acabaron las medicinas, tienen niños y ya no tienen comida o son mujeres embarazadas y necesitan un control médico. Que determine a quienes darles al menos un subsidio y quienes si deben pagar por su vuelo. Que se conecte con su cargo y haga una gestión “humana”. Porque ni hacer su trabajo, ni permitirles a los colombianos volver puede calificarse “humanitario”. Lo uno es una obligación y lo otros es un derecho. Punto.