jueves, 16 de julio de 2020

Más columnas de este autor María Isabel Ulloa

La semana pasada vimos con satisfacción como entraba en operación la Vía Girardot - Honda- Puerto Salgar, primera de las vías 4G en ser inaugurada. Según información de la Agencia Nacional de Infraestructura a junio 2020, de los 29 proyectos 4G, además de esta vía, 22 están en ejecución, 5 se encuentran en reactivación y 1 proyecto presenta dificultades. Si bien la Vía Mulaló – Loboguerrero, se reporta en proceso de reactivación, la realidad es que se encuentra paralizada y es la única vía del programa 4G ubicada en el Valle del Cauca.

Este es un proyecto de gran valor estratégico para la competitividad de la Región Pacífico y de Colombia. Permitirá cruzar la Cordillera Occidental con una conexión vial de 31.8 km, generando una reducción de 50 minutos en el tiempo de recorrido entre el sur del Valle del Cauca y Buenaventura. A su vez, brindará una mayor redundancia a la red vial regional y nacional, garantizando condiciones óptimas de transitabilidad hacia y desde el principal puerto del pacifico colombiano. El proyecto dinamizará el mercado interno y permitirá una mayor participación en el comercio global.

La vía es una de las principales apuestas de crecimiento económico y desarrollo social del país y hace parte de los proyectos priorizados en el Plan Maestro de Transporte Intermodal (PMTI), los cuales tienen alta incidencia en la reducción de costos de operación vehicular, en la generación de mayor accesibilidad a los territorios y en la descongestión de los centros urbanos. Según este plan, la reducción de 1% en los costos del transporte de exportación pueden aumentar 8% las exportaciones agrícolas y 7,8% las manufactureras. La vía Mulaló – Loboguerrero, que además hace parte de la conexión Pacifico - Orinoquía, hará una gran contribución a estos indicadores.

Además, en la coyuntura actual, este proyecto jugará un rol muy importante en la reactivación económica del país. En el pico máximo de construcción de la vía, se estima que genere cerca de 1.800 empleos, estimulará el crecimiento de los sectores económicos existentes y activará nuevos desarrollos productivos. Lo que se traduce en una ampliación de la base exportadora y mayor eficiencia para el abastecimiento interno. Con la obra se tendría también un mayor acceso turístico a la zona de influencia inmediata del proyecto.

Por último, en el marco de la Conexión Pacífico – Orinoquía, la Mulaló – Loboguerrero, es una vía indispensable para dar continuidad al tráfico generado por el proyecto desde la altillanura y que se desviaría por los pasos de las cordilleras central y oriental. De acuerdo con un estudio contratado por ProPacífico, para un horizonte de 20 años, los beneficios económicos descontados para este tramo ascienden a $1,09 billones, lo que representa un 7% de los beneficios totales del proyecto.

No se entiende como un proyecto con tantos beneficios este parado. Tiene acta de inicio desde marzo de 2015, pero aún no tiene licenciamiento ambiental para iniciar construcción. Según información oficial, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) después de un largo proceso de licenciamiento enmarcado en el Decreto 1753 de 1994, que no limita el número de requerimientos, solicitó en 2019 información adicional al concesionario frente al estudio de impacto ambiental. Específicamente la ANLA, solicito mayor información sobre el modelo hidrogeológico del tramo que pasa por Pavas, para tomar decisiones frente al licenciamiento ambiental.

Nadie está pidiendo que no se tengan en cuenta los impactos ambientales del proyecto. Estos asuntos se tienen que atender y resolver. Pero la situación no es diferente a la de otros proyectos del país, en los que se ha requerido conciliar las obras de infraestructura con los retos ambientales y las expectativas sociales. Ha pasado mucho tiempo desde que se adjudicó esta concesión. No podemos dejar de persistir, ni perder el ánimo para impulsar esta vía hasta no verla realizada.  Otras soluciones que se han conocido no convencen y el tiempo perdido ya es mucho para pensar en acabar con esta concesión.

Esperamos que articuladamente el Gobierno Nacional, los gobiernos territoriales, el concesionario, el sector privado y la comunidad -de Pavas, del Valle del Cauca y de Colombia- encontremos la manera de sacar este proyecto adelante. Según una reunión reciente, tendremos que esperar a que el concesionario entregue los estudios adicionales que pidió ANLA. Luego de esto, esperamos también que esta entidad otorgue la licencia ambiental para que esta vía tan anhelada, entre en construcción.