Analistas 28/10/2020

Educación para el desarrollo

Por estos días el país presta atención a las señales de reactivación económica, como el empleo, la producción y el consumo, en los que se comienzan a ver señales de recuperación frente al impacto del covid-19. Sin embargo, hay un tema fundamental sobre el que aún no podemos medir el impacto de la pandemia y que debe estar en el foco de todos: la educación.

Debemos esperar hasta 2021 para conocer datos oficiales que permitan medir de qué manera la calidad de la educación básica y la permanencia de nuestros estudiantes se afectaron. Sin embargo, es seguro que la virtualidad, las barreras de acceso a tecnología y otros factores cambiaron la dinámica de la educación, poniendo unas condiciones difíciles para los niños, niñas, jóvenes y sus familias y conformando un nuevo reto para los líderes públicos y privados que trabajan por fortalecerla.

El poder que tiene la educación para el desarrollo integral del país es indudable, dada su influencia para mejorar la calidad de vida de las familias y su efecto en la reducción de la pobreza que es evidente. Es así como debemos ponerle más atención que nunca a este tema, y no dejar de recordar que la educación no es sólo asunto de los mandatarios locales y nacionales o de los docentes, rectores y padres de familia, sino también del sector privado. Me permito señalar algunas razones.

En primer lugar, la educación de calidad es un pilar de la competitividad. Las mediciones que se hacen a nivel mundial para saber qué tan competitivo es un país consideran la formación del capital humano y la adquisición de las mejores herramientas para emprender negocios, innovar, desarrollar conocimiento y aplicarlo.

En segundo lugar, la especialización de la economía hace que las empresas requieran cada vez más personas capacitadas en temas más específicos, y que tengan mejores bases humanas y técnicas. El mercado laboral tiene déficit en personal con formación en bilingüismo, programación, uso de tecnología y otros saberes, pero también con habilidades que se cultivan desde la educación básica, como el aprendizaje continuo y el razonamiento lógico.

Finalmente, el covid-19 nos revela el avance de la cuarta revolución industrial con la digitalización de negocios, la masificación del uso de internet, el teletrabajo, la educación virtual y la vida social en línea. Esta “nueva normalidad” nos presenta nuevos retos en cuanto a innovación y capacidad de adaptación tanto para personas como para empresas. Para aprovechar las oportunidades que tenemos, es fundamental que los ciudadanos cuenten con competencias básicas que permitan el uso y el aprendizaje rápido en medios electrónicos, como son la lectura y el razonamiento lógico.

Teniendo en todo lo anterior, ProPacífico en alianza con la Universidad Icesi lanzó el Observatorio de Realidades Educativas (ORE) del Valle del Cauca y el Norte del Cauca, que tiene el propósito de ser una herramienta útil y exequible a toda la comunidad educativa y los tomadores de decisión.

Los análisis del ORE dan cuenta de los desafíos que enfrentamos: de los estudiantes que presentaron la prueba Saber 11 en 2019 en Colombia, solo el 18,2% lograron desarrollar adecuadamente las competencias de matemáticas, lectura crítica, ciencias naturales, y sociales y ciudadanas. Estos datos se suman a datos previos como los resultados de las pruebas Pisa 2018, que nos mostraron que los estudiantes colombianos 40% obtuvieron bajo desempeño en las áreas de lenguaje, matemática y ciencia.

La información es fundamental para hacer política pública basada en evidencia. Con la que podamos priorizar los asuntos urgentes de actuación y los aspectos y recursos que puedan ser más efectivos. Además, se vuelve insumo fundamental para que toda la comunidad educativa y el sector privado incida y haga seguimiento a todo el ciclo educativo; buscando que sea de calidad, pertinente e incluyente.

Es un reto enorme mejorar la calidad y la pertinencia educativa. La articulación de los esfuerzos será determinante para ser efectivos y para revertir, los inminentes efectos negativos del covid-19 sobre la formación de nuestros niños, niñas y jóvenes, que serán, en el largo plazo, efectos sobre la posición competitiva y el desarrollo del país.