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Ayudando al planeta bien vestidos

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María Fernanda Hernández - mariaf@priscilalab.com

La moda circular es un tema que últimamente está rondando por ahí, una nueva mentalidad en el mundo de la moda. Me parece espectacular que cada vez seamos más los que queremos aportar un granito de arena al medio ambiente.

La moda es una industria indispensable, una manera de expresión, es como nos reflejamos ante los demás y ante nosotros mismos, es un mecanismo de protección. Asimismo, es un sector clave para la economía global, generando US$1,3 billones y 300 millones de empleos anualmente. Sin embargo, la moda rápida y el afán de innovación la han llevado a ser la industria más contaminante del planeta, con 1,3 billones de prendas vendidas el año pasado, está generando impactos negativos en el medio ambiente que pueden ser irreversibles a futuro.

La ‘moda circular’ se basa en los principios de la economía circular, es decir, darle nueva vida a lo ya existente para no generar nuevos bienes y así disminuir el consumo de materiales. En el caso de la moda, los expertos estiman que una prenda se puede usar por lo menos ocho veces más del promedio actual. Surge entonces un segmento en el cual se transforman prendas usadas y a partir de ellas se crea algo nuevo. Las iniciativas para lograrlo incluyen trabajo de investigación, estrategias innovadoras de diseño, moda bajo demanda, principios de sostenibilidad, reventa de prendas y accesorios usados y reciclaje de textiles, entre otros.

Una corriente de moda circular toma prendas y las desbarata, limpia y convierte en fibras nuevas para elaborar materiales. Otra toma prendas, las descose, las limpia y usa los textiles como materia prima. La reciente iniciativa de la diseñadora María Luisa Ortiz con Almacenes Éxito es un gran ejemplo de esta última. Tomaron como materia prima los textiles de los 360.000 uniformes de policía que sobran cada año, que normalmente son quemados y desechados. Con ellos, diseñaron morrales, cartucheras y maletas confeccionados por personas en proceso de incorporación, desplazados y víctimas del conflicto armando en Colombia.

Otro modelo de negocio en auge en el mundo es el del alquiler de ropa de uso diario. Ya no se trata de alquilar un vestido para un matrimonio, sino una solución práctica para la vida diaria. Es, particularmente, útil en situaciones de transición como un cambio de empleo, las vacaciones o la maternidad. Los suscriptores de este servicio han modificado sus hábitos de consumo lo que les permite reducir el gasto y estar a la moda. Se estima que para 2023 el segmento de alquiler de ropa será de US$1.800 millones en el mundo. El líder es el portal de Estados Unidos RenttheRunway, marcas como Express han incluido el servicio en su portafolio, en Colombia lanzamos recientemente Priscila Fashion Rental en pro de la misma iniciativa.

El uso compartido también ha visto auge a través de la reventa de productos. El segmento de venta de prendas y bolsos usados creció un 28% en 2018, es otra manera de alargar la vida útil de los productos y bajar la sobreproducción.

Las generaciones jóvenes y los millennials están adoptando estos nuevos patrones de consumo, pues es una manera de contribuir al planeta sin sacrificar su comodidad o apariencia física. Es una forma de reinventar y renovar su imagen constantemente y tener acceso a marcas aspiracionales cuyo elevado primer precio las hace inalcanzables. Ojalá todos logremos sentirnos bien vestidos y además contribuir a la sostenibilidad del medio ambiente.

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