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Analistas 02/01/2026

Propósitos de Año Nuevo

Jerome Sanabria
Estudiante

A la medianoche del 31 de diciembre me comí una uva pensando en mi propósito principal para 2026: seguir luchando incansablemente por las cosas que amo y en las que creo, sin desfallecer. Y, en el contexto que nos rodea, la causa fundamental es luchar por una Colombia libre.

Me refiero a un país realmente libre. No hablo de la libertad que pregonan algunos socialistas, como Silvio Rodríguez cuando llamó “país libre” a Cuba en una de sus canciones. No. Me refiero a uno en el que el Estado no se crea dueño del esfuerzo ajeno ni policía moral de la vida privada de la gente. Un país donde no se castigue a quien quiere trabajar, emprender y producir, sino que se le deje el camino libre para hacerlo.

Una Colombia en la que los mandatarios entiendan que el poder se somete a reglas, que es limitado bajo un orden constitucional, y que su papel no es dirigir la vida de los ciudadanos, es entrometerse, lo menos posible, en sus proyectos personales.

Donde se comprenda que no hay nadie mejor que cada uno de nosotros para decidir sobre su propia vida.

Para que esa libertad sea amplia y permanente, es indispensable que las personas puedan conservar como propio el fruto de su trabajo y su esfuerzo, sin el temor a que el gobierno ni nadie se los quite. Un país en el que se respete el ahorro y la propiedad privada; donde el político de turno no castigue a quienes crean riqueza (menos aún que se la apropie), sino que haga todo lo posible para que todos podamos construir una propia. Sueño con una Colombia en la que los gobernantes entiendan, de una vez por todas, que la riqueza no se decreta.

Una Colombia en la que se pueda opinar y hacerle oposición al gobierno de turno sin miedo a ser aniquilado física, moral o legalmente.

En otras palabras, me refiero exactamente a lo contrario de aquella “libertad” que pregona Silvio en esa famosa canción. A todo lo contrario de lo que representa la Cuba socialista.

Pero para que Colombia sea verdaderamente libre no basta con un “Estado tan pequeño como un grano de arroz”, como reza la consigna libertaria. Antes, se necesita que la gente quiera ser libre. Y querer ser libre implica asumir responsabilidad, aceptar riesgos y entender que nadie nos debe el resultado de nuestras decisiones. Que no somos “merecedores” de nada y que el Estado ni la sociedad están en deuda con nosotros.

Ser libre también implica despojarse de mezquindades y ver el éxito ajeno con admiración y como una motivación para alcanzar el propio. Implica dejar de ver a quien crea riqueza como un enemigo y empezar a verlo como un ejemplo.

En 2026 la democracia de Colombia está en juego y para evitar que el proyecto empobrecedor se reelija, no basta con tener ideales económicos y políticos claros. Necesitamos comprometernos con nosotros mismos a querer ser realmente libres, con las responsabilidades que eso conlleva. Si no cambiamos la mentalidad, no habrá esfuerzo político que valga para salvarnos del desastre que se avecina.

Ojalá este año nuevo nos traiga, a todos, la convicción y el coraje necesarios para defender esa Colombia libre.

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