sábado, 21 de marzo de 2020

Estamos quizá, ante una de las situaciones excepcionales de salud pública más compleja que hayamos vivido; una situación que está poniendo a prueba el liderazgo individual de quienes dirigen países y compañías, y el liderazgo colectivo, en el que todos como ciudadanos tenemos un rol que asumir.

El número de personas contagiadas en nuestro país crece vertiginosamente, a un ritmo similar, o incluso mayor, al de los países foco de esta pandemia, razón por la cual se hace necesaria la adopción de medidas dirigidas a controlar la progresión de la enfermedad, la protección y el cuidado colectivo. Debemos extraer rápidamente las enseñanzas de lo vivido e implementado por los demás países, para evitar que el escepticismo y el estupor sean parte de nuestro razonamiento como ocurrió en las primeras semanas en China, Corea del Sur, Japón, Italia, España y algunos otros territorios.

Enfrentar esta situación exige iniciativas sin precedentes, lideradas y aplicadas no solo por los gobiernos; se necesita que ciudadanos, empleados, clientes, autoridades, empresas y asociaciones estén informados, conscientes y dispuestos a colaborar en un inmenso esfuerzo colectivo que no admite paliativos.

Además, en este mundo globalizado e hiperconectado, la situación por la que estamos pasando merece un exigente control de la información para contener un pánico que sería peor que la propia enfermedad.

La experiencia de Asia y Europa nos señala, con una claridad deslumbrante, que sólo a través de portavoces autorizados y de un relato transparente, fiable, bien explicado, al margen de cualquier dureza, es posible trasladar la información pertinente que se requiere en cada momento, para gestionar la ansiedad social. Y lo que es más importante: los ciudadanos lo agradecen y demuestran estar a la altura.

Sin embargo, no solamente son los ciudadanos quienes se enfrentan a la ansiedad que produce esta situación, la zozobra corporativa incrementa constantemente conforme se generan noticias sobre el impacto que esta coyuntura ha tenido en el campo empresarial: desplomes consecutivos en los mercados financieros, desabastecimiento de las líneas de producción, necesidad de cierres temporales y adopción de teletrabajo, cancelación de actos y eventos, y el impacto que tiene cada nuevo caso.

En ese sentido, como compañías estamos llamados a anticiparnos y prepararnos, pues esta será la manera más efectiva de combatir y de contribuir de una forma más decisiva a reducir las consecuencias de esta situación que se cierne sobre todos nosotros.

Debemos tomar acción con sentido de urgencia, especialmente desde el mundo corporativo, y comunicar con eficacia. Tan importante es lo primero como lo segundo. Las decisiones laborales, logísticas, financieras, productivas y comerciales demandan que las personas de las que dependen se comprometan en su ejecución.

Y no estamos hablando exclusivamente de la adopción de medidas como el teletrabajo, la cancelación de reuniones, o el aplazamiento de eventos; también es importante considerar el valor que representa la decisión de continuidad que muchas compañías han tenido que tomar en pro del cumplimiento de funciones que son esenciales, pero que, por su naturaleza deben seguir al frente del cañón. Ambos casos tienen la misma relevancia.

En nuestro trabajo diario con centenas de organizaciones alrededor del mundo, hemos visto que los líderes que adoptan esta fórmula consiguen esa corresponsabilidad y benefician a las sociedades en las que operan y a sus propias compañías.

Bajo ese entendimiento, identificar y preparar cada uno de los escenarios de riesgo a los que se enfrentan los negocios, en relación con sus grupos de interés para decidir y comunicar, se vuelve imprescindible en un escenario en el que está en juego, además de la supervivencia de la empresa, la vida y el cuidado colectivo de nuestros conciudadanos.

La anticipación, es un ejercicio de responsabilidad para contribuir a la contención de una pandemia, en la que todos tenemos un importante papel que desempeñar.