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Se empiezan a materializar algunos escenarios pesimistas respecto a las perspectivas económicas del futuro cercano.

De nuevo las noticias más malas llegan del viejo continente. España, en recesión, tiene la cuarta parte de su fuerza laboral desempleada; la situación fiscal tanto de las autonomías como del gobierno central pasa por los peores momentos desde que este padecimiento empezó. España está pagando por su deuda tasas de interés que superan en 5% las de Alemania. La situación empeoró la semana pasada al oficializarse el pedido ibérico de rescate de su banca. Lo que en los días previos al pedido se creyó que terminaría con la reciente intervención de Bankia, el cuarto banco del país, acabó en gritos de auxilio para todo el sector. La salvación tiene un tiquete por cuantías que podrían llegar a los 100 mil millones de euros. Así, en el mejor de los mundos, a España le esperan varios años de debilidad económica.

En Italia el lenguaje del gobierno empieza a ensombrecerse. De la seguridad con que el Ministro de Economía daba partes de tranquilidad hace unas semanas se pasó a la exasperación por los comentarios que la sitúan de primera en la fila india de posibles rescatados futuros. Sus primas de riesgo empiezan también a coquetear con el 5% y los recientes datos sobre producción fueron menos que alentadores. Si se queda mucho tiempo en la fila, tendrán que pasar al tablero del rescate. Así podría volverse realidad lo que al principio del año estaba en la gaveta de las pesadillas improbables: la debacle simultánea de España e Italia.

Y por nuestro lado las nubes también están apareciendo. Argentina y Brasil encabezan el pronóstico de mal tiempo. En Brasil el Banco Central ha venido soltando las amarras monetarias de manera rápida. Sin embargo, los pronósticos más recientes sugieren que su economía no crecerá ni siquiera por encima del 3%. Al rescate, como siempre en Brasil, vendrá el fútbol esta vez por las inversiones que deberán realizar con miras al Mundial de 2014.

A Argentina se le está cumpliendo el tiempo para tener su catástrofe decenal. Una inflación que se acerca al 30% y que el gobierno se empecina en negar, la gente buscando refugio en el dólar y las autoridades luchando por cerrar los boquetes por los que los ahorradores quieren salvar sus recursos. La presidente habla de las Malvinas, afirma que pasará todos sus recursos a pesos -"pesos fuertes" debería haber dicho para darle el grado de cinismo apropiado al melodrama -pero sólo el fútbol levanta la moral patriótica. La película ya la han visto en Buenos Aires y saben cómo termina. Lo que no está claro es cuándo.

Así para nuestro país puede ser hora de desenfundar los paraguas. El contexto externo tanto en Europa como en dos de las principales economías de la región está tapado; negro en las primeras, gris en las segundas. Los escenarios de contexto externo más negativos que se habían planteado a comienzos de año se están materializando. El gobierno y el Banco Central tienen municiones para la batalla y empieza a haber en estos conciencia de la tormenta en el horizonte.

El que no parece darse por enterado es el sector privado, tanto el real como el financiero. Si se descuidan, si no empiezan a elaborar planes de contingencia, si no se dan por enterados de que en el vecindario se acabó la parranda, terminarán empapados.  Y esa película también la hemos visto.
 

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