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Déjà vu

“El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, anunció la semana pasada los lineamientos generales de la reforma tributaria que presentará al Congreso de la República. El objetivo de dicha reforma (…) es el de resolver las fallas estructurales en el ordenamiento tributario de Colombia. (…) En cuanto al impuesto de renta, es positivo el anuncio oficial en el sentido de eliminar la mayor cantidad posible de deducciones y exenciones. Otra medida bien encaminada es la de la reducción del impuesto de renta. El nivel actual en Colombia es de los más altos del mundo, restándole así competitividad a la inversión en nuestro país. (…) También es partidario el Gobierno de eliminar las distorsiones tributarias como el impuesto (…) que se cobra sobre las transacciones financieras”.

El párrafo podría ser de agosto de 2018 pero en realidad son extractos de un artículo publicado en El Tiempo en 2004. Toma ahora particular interés porque Carrasquilla encabeza el equipo que hará el empalme entre el Gobierno entrante y el saliente y porque Uribe, entonces presidente, será ahora la cabeza visible de la coalición del Gobierno en el Congreso.

Los intentos de Carrasquilla por reconstruir el estatuto tributario se prolongaron hasta finales de 2006 cuando el Congreso aprobó una reforma tributaria absolutamente alejada de los principios que regían el propósito inicial del Ministro. El fracaso de la reforma se debió en buena parte a que el presidente Uribe le dio alas a las peticiones sectoriales que una a una fueron perforando el espíritu de la reforma.

Por ejemplo, Portafolio, en 2006 reportaba que “los productores de pollo protestaron, pero el Gobierno para ’corregir’ el supuesto error, decidió -en cabeza del presidente Uribe- la siguiente oferta: en el estatuto tributario, el pollo quedaría exento de IVA, cuando la idea original era ponerle un gravamen del 10% o en el peor de los casos excluirlo del impuesto.

Con esta promesa, los productores podrán recibir ahora una devolución por un impuesto que no han pagado. Al ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, esto le pareció inaudito, pero para no generarle más problemas al interior del Gobierno, se guardó la protesta para sí. Pero el asunto no paró ahí. Alegando tener el mismo derecho, otros sectores decidieron jugársele: la carne de res, pescado, leche y huevos.”

Unos meses después, a comienzos de 2007, Carrasquilla dejaría el Gobierno.

En una entrevista con Yamid Amat dejó ver su frustración:
-¿Fracasó en algo?
-Sí, el estatuto tributario es muy malo.
-¿Cómo debería ser?
-Primero, equitativo: dos colombianos que ganen lo mismo y tengan las mismas obligaciones, deben pagar los mismos impuestos. Debe ser un estatuto sencillo que todos entendamos y podamos manejar de manera transparente. Debe ser un estatuto competitivo: nuestras empresas son la base de la creación de empleo y riqueza. Y debe ser un estatuto de largo plazo, estable.
-¿Esa reforma lo avergüenza?
– Sí, me da vergüenza no haber arreglado ese esperpento. Es inequitativo y complejo, no aporta a la solución de los problemas de competitividad, obliga a tener regímenes especiales.

Probablemente Carrasquilla siga fiel a los principios que guiaron sus propósitos hace más de una década. Quizás ahora cuente con el respaldo presidencial que no tuvo en el pasado. Pero mientras escribo esto oigo a Alicia Arango, mano derecha del nuevo presidente afirmar que “Somos uribistas, para nosotros el Presidente Uribe es nuestro jefe”. Déjà vu.
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