Analistas

Brasil-Colombia

Hace carrera la teoría de que la economía colombiana padece enfermedades similares a la brasileña y por tanto su pronóstico se asemeja. Lo que las diferencia, según la teoría de marras, es que Brasil empezó a padecer los síntomas un poco antes; en fin, que nos separa un rezago y poco más. Menciona la hipótesis que en ambos países la inflación y las tasas de la deuda pública van al alza, los gobiernos tienen un creciente déficit y deuda como porcentaje de la actividad económica, que sus tasas de cambio se han depreciado a ritmos similares, que sus Bancos Centrales suben tasas sin éxito y que ambos países presentan escándalos de corrupción descomunales atados a las compañías petroleras. 

Por donde se le mire la teoría resulta descabellada. En prácticamente todos los indicadores relevantes las cifras de Brasil tienen visos catastróficos y las nuestras señales de fortaleza mezclada con cautela. 

Empecemos por la cifra más global de desempeño de una economía: su crecimiento. Colombia creció en 2015 al 3% y se espera que este año alcance una cifra semejante. Un crecimiento muy respetable en el contexto regional. Mientras tanto, la economía de Brasil cayó 3,8% el año pasado y el FMI proyecta que este año lo haga al 3,5%. 

En las cuentas del Gobierno, las cifras también son contundentes. Mientras nuestra deuda pública no alcanza a pesar 50% de nuestra producción anual, la brasileña supera 70%. Más contundente aún, el déficit del gobierno brasileño superó  10% del PIB en 2015, es decir, triplica el colombiano. Coherente con el panorama, la calificación crediticia de Brasil está por debajo de la colombiana y ellos pagan por su deuda en dólares 100 puntos básicos más que Colombia.

En el frente de inflación, si bien la colombiana se ha trepado en los últimos meses y supera el 7%, la brasileña lleva varios meses por encima de 10%. Esto a pesar de que el Banco de Brasil ha acudido a fuertes incrementos en la tasa de intervención y ahora la tiene 4 puntos porcentuales por encima de la inflación. En Colombia, la tasa de intervención, en términos reales, todavía es negativa y por tanto aún queda mucho espacio contracíclico que Brasil ya consumió. En cuanto a la moneda, la tasa de cambio real se ha depreciado en magnitudes similares en ambos países a pesar de que los incrementos de la tasa de intervención en Brasil han sido mayores y a que el Banco de Brasil ha perdido cerca de 5% de sus reservas internacionales en el último año, mientras que el Banco de la República ha optado por una estrategia de no intervenir en el mercado cambiario. La única cifra que muestra mayor vulnerabilidad en Colombia es su déficit en cuenta corriente que duplica el de Brasil. 

En cuanto a los escándalos de corrupción, los de Brasil tienen contra las cuerdas al mismo expresidente Lula; en Colombia, la propia Reficar acaba de demandar al contratista de las obras por más de US$2.000 millones. Y si en Colombia algunos se alegran y otros se preocupan por las cifras de aprobación del presidente, estas son más de tres veces mayores que las del Dilma, quien apenas goza del apoyo de la décima parte de la población y las apuestas apuntan a que difícilmente acabará su gobierno. Tan catastrófico es el asunto que a medida que los mercados han percibido que el fin de Dilma se acerca, las tasas de interés de la deuda pública en Brasil han bajado.

No queda duda de que es un despropósito equiparar la situación de las dos economías.