Analistas

Tres opiniones sobre la paz

La negociación del acuerdo de paz con las Farc está en su fase final en La Habana y en este momento lo único que sabe el pueblo colombiano es que el país está dividido con respecto a su conveniencia. Esta columna tiene la finalidad de emitir tres opiniones con respecto al proceso de negociación en cuanto a su orientación participativa, su conveniencia y su publicidad.

1. Conveniencia. Acabar con un conflicto e instaurar la paz siempre ha sido benéfico desde un punto de vista social y económico. Después de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que Alemania se separó entre la República Federal  y la República Democrática, el bienestar de los alemanes creció y la economía se disparó por la reconstrucción de la infraestructura y el plan Marshall. Sin embargo, esta verdad de Perogrullo es difícilmente aplicable a la terminación de conflictos en los cuales no hay vencedor y vencido, como en el tratado de Versalles que finalizó la Primera Guerra Mundial. Es imposible al día de hoy emitir un criterio sobre la conveniencia de los acuerdos de paz en Colombia, dado que desde la opinión pública no se conocen. A hoy, con la información disponible, no se puede afirmar si la paz negociada es justa, sostenible o conveniente, hasta que se conozca el texto final de los acuerdos.

2. Publicidad. El que los acuerdos no se conozcan ha impedido que el debate sobre el proceso de paz se haga de cara a la opinión pública, cayendo los opositores y los amigos del Gobierno en discusiones sin profundidad. Estos últimos han tomado la posición facilista de que es mejor la paz que la guerra y que todos los que no apoyan el proceso son guerreristas. Los opositores han proyectado conclusiones a partir de comunicados que no necesariamente reflejan los textos finales, lo cual ha transformado la discusión, en su conjunto, en un riña política digna de El Flecha o El Pachanga de David Sánchez Juliao. Sin embargo, la responsabilidad de promover un debate amplio sobre los acuerdos recae en el Gobierno, que deberá de manera clara comunicar los resultados de negociaciones al país antes de la ratificación y la aprobación de los acuerdos.

3. Orientación participativa. La negociación de los acuerdos de paz se realiza entre el Gobierno Nacional y las Farc, de manera hermética y sin permitir la inclusión de las fuerzas vivas del país. A pesar de que el Gobierno ha declarado que el acuerdo debe ser aprobado por el Congreso y ratificado por el pueblo, ha hecho todo lo posible por desnaturalizar estas aprobaciones. La inclusión del Acuerdo Especial que da seguridad jurídica a los textos a ser aprobados se da en el séptimo debate en el Congreso  y con la necesidad de aprobación exclusiva de la Cámara de Representantes, ya que el texto ya pasó por el Senado. Además, la inclusión con fuerza constitucional de los acuerdos se hace sin conocimiento del texto final, lo cual es absolutamente sui géneris. En cuanto a la ratificación por el pueblo hay que decir que esta se hará con un umbral modificado solo para la votación de los acuerdos de paz de 50% a 13%, y que el plebiscito es una votación de corte político que no puede en principio modificar la aprobación de la reforma constitucional aprobada por el congreso.

A falta de nuevos acontecimientos en el devenir de las negociaciones, solo nos queda esperar que las falencias en la publicidad y la orientación participativa de los acuerdos se compensen por la conveniencia de los mismos. Amanecerá y veremos.