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El huracán Harvey, de manera inesperada, inundó la ciudad de Houston dejándola desolada. La catástrofe considerada como un hito histórico por Femsa, la agencia de protección contra desastres de los Estados Unidos, costará al Tío Sam alrededor de US$250.000 millones según estimados preliminares de los reaseguradores.
De la misma manera en que ha estado expuesta la industria de las telecomunicaciones en Colombia, Harvey azotó Houston inicialmente con fuertes vientos. Las ráfagas causadas por la culminación de una etapa de crecimiento del sector que duró 20 años, los vientos alisios de la muerte del producto de voz como generador de ingresos y la brisa de competencia impulsada desde el regulador derrumbaron las bases de rentabilidad del sector, postrándolo de rodillas para la siguiente embestida.
Dos de la tres multinacionales más importantes del sector, Movistar y Claro, además de los líos de rentabilidad del negocio, fueron golpeadas por la decisión del tribunal de arbitramento que avaló la postura de la Corte Constitucional sobre la obligación de las operadoras de restituir sus activos a la Nación o pagar por ellos, así como Houston recibió un segundo embate con las inundaciones del huracán cuando se convirtió en tormenta tropical.
La decisión del tribunal de arbitramento sobre el monto a cancelar por las operadoras por los activos de propiedad de la Nación, aunque catastrófica para las empresas, era tan previsible como las inundaciones post huracán. A pesar de que el detalle de las valoraciones de los activos es desconocido por la opinión pública, corresponde a una obligación claramente estipulada en sus contratos de concesión. El pago por parte de las operadoras, que se dio después de que muchos altos funcionarios del Estado hayan pugnado para evitarlo ¡en contra de los intereses de su empleador!, solo podrá considerarse definitivo cuando los tribunales internacionales resuelvan las demandas interpuestas por las compañías multinacionales.
Pero así como la tormenta tropical Harvey, en su ataque final, se devolvió al Golfo de México para volver a golpear como un huracán, también se atisban en el sector de telecomunicaciones consecuencias insospechadas para Telefónica. Dado que el fallo reconoce que los activos de Movistar (Telefónica Móviles) son ahora sí claramente de propiedad de la Nación, la transacción de fusión entre Colombia Telecomunicaciones y Telefónica Móviles de 2011, impulsada por el exministro de Hacienda y expresidente de Ecopetrol Juan Carlos Echeverri, requiere de una revisión en cuanto a sus términos de intercambio, dado que en ese momento la valoración de Telefónica Móviles desconoció ese pasivo, golpeando los intereses de la Nación.
Claro es que poca o nula responsabilidad le cabe al exministro en la fijación de los términos de intercambio, dado que en ese momento la Corte Constitucional no había emitido su Sentencia 555 de 2013, que aclara definitivamente de quien son los activos. Sin embargo, considerando la cacería de brujas que generó el fenómeno Odebrecht en contra de todo lo que pueda oler a corrupción, es posible que, en Washington, el expresidente de Ecopetrol no esté paseando, como sugerido por sus entrevistadores de La W, solamente un perro, sino un par de cachorros con los nombres de Reficar y Movistar.
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