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Exuberancia pública

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Las crisis financieras se han repetido de manera cíclica y consecutiva, sin que sus señales premonitorias se fijen en el imaginario de los actores de los mercados de capitales. A pesar de la profundidad con que las crisis afectan a la población y en especial a los menos privilegiados, pocas veces tienen bajo control los factores que las crean, las aceleran y las profundizan.

Muchas de las crisis vienen precedidas por un período de exuberancia irracional, expresión acuñada por el exdirector de la FED, Alan Greenspan. El gasto privado o público se acelera desproporcionadamente, impulsado ya sea por irresponsabilidad o por una falsa sensación de confianza y seguridad.

En la Colombia de antes de la crisis hipotecaria de finales de los 90, personas de bajos ingresos viajaban al debe al exterior, los precios de la finca raíz andaban disparados y el consumo no reflejaba la difícil situación política del país.

Cuando las crisis financieras son precedidas de exuberancia irracional del consumidor privado aparecen burbujas en los mercados. En la crisis del internet de inicios del siglo XXI en Estados Unidos, el índice de acciones tecnológicas Nasdaq subió hasta US$5.000 bajando dos años después a US$1.200, así como los precios de finca raíz antes de las crisis de las hipotecas de 2008, en el mismo país, se encontraban desbordados.

Sobra mencionar que en estas crisis financieras los afectados pierden parte de su patrimonio cuando se ajustan los precios y el drama social resultante es importante.

Hay otras crisis financieras que no son causadas por el mercado, sino por la exuberancia irracional pública. Cuando los gobernantes de un país gastan por encima del recaudo fiscal, y sin una rentabilidad aceptable, las consecuencias las termina sufriendo la población.

A pesar de que el sector privado ha sido resiliente, el gasto del gobierno Santos acabó con un período de expansión de la economía, expansión que bajó el indicador de pobreza en el país de alrededor del 50% al 17%, en 15 años.

El gobierno Santos estuvo expuesto a la crisis de precios de los bienes básicos, y en específico del petróleo y, en vez de ajustar el gasto público lo incrementó sustancialmente. El gasto público se incrementó de menos de $100 a más de $170 billones en su mandato, con una ineficiencia que de vez en cuando se asimiló a la inversión en Reficar y Fonade, y de vez en cuando a la mermelada que se esparció a lo ancho del territorio.

Adicionalmente, el gobierno comprometió fondos significativos en programas que dejó desfinanciados con el de Ser Pilo Paga y el acuerdo de paz y, no tuvo la responsabilidad social de impulsar una reforma al sistema pensional que ya es insostenible.

Hoy, muchos de los opositores del gobierno Duque le reprochan que tenga que hacer una reforma tributaria y que no le dé continuidad a los programas del gobierno anterior tal como estaban planteados.

La realidad es que gran parte de la desaceleración económica que estamos viviendo es consecuencia de la exuberancia irracional del gobierno Santos en el gasto público, que finalmente terminará siendo pagada por el sector privado y la población por medio de impuestos.

Así como ciertas crisis han sido creadas por los excesos de los mercados, la difícil situación económica actual fue generada en gran parte por el excesivo e ineficiente gasto público del gobierno anterior.

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