Analistas

El hecho económico del año

El 2016 fue un año cargado de noticias en Colombia y en el mundo. Desde la firma del acuerdo de paz onerosa que acabó con un conflicto de más de cincuenta años, hasta el Brexit del Reino Unido y la elección de Donald Trump en el cargo más importante del mundo, noticias de índole política han moldeado las perspectivas económicas de modo sustancial.

Sin embargo, la importancia de 2016 para la economía nacional radica en que fue un año en que los fundamentales de la economía dieron un vuelco. Después de catorce años de crecimiento económico sostenido, interrumpido únicamente por la mini crisis generada por la crisis hipotecaria en los Estados Unidos, se advierte en los indicadores económicos tiempos difíciles a futuro.

Varios sectores de la economía empiezan a vislumbrar consecuencias nefastas del entorno actual. Tal como lo anuncia el superintendente Financiero, Gerardo Hernández, los índices de morosidad en la cartera corporativa van en aumento. A octubre, el crédito ha crecido a una tasa real de 1,97%, mientras la cartera vencida lo hace a 16%, señal inequívoca de que el deterioro de la economía le está pasando la factura al sector financiero.

Por otro lado, el motor de la economía en los últimos años, el sector de la construcción, ha visto caídas cercanas en ventas a 30% en Bogotá y los municipios aledaños en los últimos dos meses, con respecto al año anterior. Si bien 2015 fue un año récord en ventas, 2016 cayó a pesar de la disponibilidad de subsidios para cuya colocación el gobierno ha invertido fondos importantes en publicidad, sin éxito.

Si bien el sector industrial empieza a ver luces a raíz de la devaluación del peso colombiano, generada por la caída de los precios de petróleo, este repunte no ha sido significativo por factores como las altas tasas impositivas a las corporaciones y las altas tasas de interés. Es posible que a futuro este escenario positivo no se mantenga, dado el flujo significativo de dinero ilícito proveniente del incremento del área cultivada de coca y las mejoras en la productividad de los cultivos que pueden volver a generar una enfermedad holandesa.

La industria del petróleo aún se encuentra estancada, dada la incertidumbre de los precios y la falta de inversión en el descubrimiento de nuevos pozos. Ecopetrol, que ha hecho un inmenso esfuerzo de contención de costos bajo la batuta de Juan Carlos Echeverry, tendrá que producir utilidades durante varios años para compensar los desfalcos de Reficar y Bioenergy. Las telecomunicaciones también han sufrido una caída significativa en su generación de valor, con una Telefónica Colombia que se encuentra en causal de disolución y búsquedas de eficiencia generalizadas en los operadores fijos y móviles.

La reforma tributaria que hoy se tramita en el Congreso, y seguramente se aprobará sin mayor debate, pondrá de nuevo la carga del hueco fiscal en los empresarios y los ciudadanos, en vez de disminuir el gasto del gobierno central, empeorando aún más la situación. Si bien el empleo se ha mantenido a pesar de este entorno, bien es sabido que los efectos en el mismo toman más tiempo en materializarse. 

La bien conocida resiliencia de la economía colombiana estará a prueba en 2017 y 2018, y una manito del lado político, por medio de control a la corrupción, seguridad jurídica y respeto a la autonomía de los poderes ayudaría a los sectores económicos del país a que la noche que se viene sea más corta.