ANALISTAS

La bazuca
miércoles, 25 de marzo de 2020

Más columnas de este autor Luis Guillermo Vélez Cabrera - lgvelezcabrera@gmail.com

Colombia tomó la decisión de imponer una severa cuarentena para contener la crisis sanitaria del Covid-19. Es la medida que, en términos generales, recomiendan los expertos, aunque la versión colombiana, como suele ocurrir, se parece más a un draconiano toque de queda que al “distanciamiento social” implementado en los países europeos, en los Estados Unidos y en la misma China, donde no se paralizó de tajo toda la actividad humana.

Aunque estas medidas deberían “aplanar la curva” de los contagios y evitar un desbordamiento del sistema de salud, de lo que si no hay duda es que tendrán un impacto brutal sobre las empresas y el empleo. Esto no es un tema menor que se pueda barnizar esgrimiendo el falso dilema, como lo hizo el presidente Bukele de El Salvador en un difundido video, donde nos puso a escoger entre el virus o la plata. En la vida real hay que cuidar las dos cosas: la salud y el empleo.

Pensando en esto el Gobierno expidió el decreto ley 444 de 2020, una verdadera bazuca económica. Algunos mandatarios locales se han manifestado en su contra argumentando que se destinan recursos de los entes territoriales a financiar a los bancos. Se trata nuevamente de una falacia: ponernos a escoger entre hospitales públicos y banqueros ricos. Desde 1923, el Estado colombiano a través del Banco de la República les ha prestado plata a los bancos privados. Eso es lo que hacen los bancos centrales de todo el planeta.

Lo que sí es una novedad es la posibilidad, contenida en el citado decreto, de invertir dinero estatal en acciones o bonos de empresas privadas o de prestarles recursos públicos directamente; operaciones, según la norma, que se podrán efectuar “aun cuando al momento de su realización se esperen resultados financieros adversos, o que tengan rendimientos iguales a cero o negativos”. Mejor dicho: el Estado ahora puede financiar empresas privadas estratégicas así estén perdiendo plata.

Antes de que alguien salga con una nueva falacia (i.e.: plata de los pensionados para empresarios quebrados, o algo así) hay que decir que este tipo de medidas las están implementando muchos países, desde el muy neoliberal Trump, pasando por los socialdemócratas europeos hasta los poscomunistas chinos. Cuando toca, toca.

Uno de las equivocaciones en el manejo de la crisis colombiana de finales del siglo pasado fue el apego ciego a la ortodoxia económica por parte de las autoridades monetarias y fiscales. Se subieron las tasas de interés a niveles absurdos, se protegió una innecesaria banda cambiaría, se le dio largas a la crisis de los bancos y nunca se buscaron soluciones serias para evitar el colapso del sector real.

Esta vez el Estado se ha dado a sí mismo una bazuca para enfrentar el problema económico que se viene encima. La debe usar con cuidado pero sin miedo. Si se ha pecado por exceso (no lo creo) en materia de salud pública, encerrando a un país, no se puede pecar por defecto cuando se trate de salvar los empleos de esas mismas personas cuando puedan salir a la calle.