Finalmente, independiente de cuánta demanda y oficio jurídico se le ocurra a Trump, éste tendrá que irse de la Casa Blanca el 20 de enero próximo. Y aunque para un sector importante de la población estadounidense el magnate era la única opción viable, ahora tendrá que aceptarse a un mandatario que valora a todas las personas por igual, defiende la migración para el impulso de la economía estadounidense y comprende que los seres humanos no dependen del matiz de su piel para ser valorados.

En las elecciones triunfó un demócrata que la tendrá difícil, luego de todos los estragos que dejó su antecesor. Sin embargo, quienes defienden el funcionamiento del sistema político democrático están de plácemes al saber que la democracia más antigua de América retorna a la normalidad, y que la recomposición de su rol en el ámbito multilateral empezará el 20 de enero. Pero, a todas estas, ¿cómo explicar el papel de los latinos, especialmente en el estado de la Florida, que apoyaron el deseo reeleccionista del autócrata, xenófobo y misógino de Trump?

Aunque generalizar es indebido, y a sabiendas de que una correcta discriminación destacaría una cantidad importante de migrantes latinoamericanos que defiende las instituciones, debe anotarse que el voto latino de Florida se convirtió en el más sonoro de los descalabros de la jornada electoral. Aunque es real que existe un sector importante de inmigrantes latinos sin formación universitaria, ni estudios más allá de los que tenían cuando migraron hacia el país, resultó absurdo verlos sometidos a la propaganda republicana que expuso la ridícula llegada del comunismo.

No fue solo en Florida, también pasó en Texas. Muchísimos latinos se dejaron envolver por la falsa propaganda del arribo del comunismo al país del libre mercado. Todavía hoy, cuando ya Biden es ganador, resulta inexplicable cómo hay personas que aceptan ese tipo de discursos sin fundamentos, desconociendo lo más elemental del federalismo sobre la autonomía de los Estados.

Tan irracional era el mensaje, que cualquier persona que haya estudiado el tema sabe que no ha habido un solo país comunista en el mundo en toda la historia de la humanidad. Por lo que estábamos lejos de presenciar su llegada a territorio estadounidense. La falta de discernimiento, carácter, conocimiento y análisis de los latinos, ha hecho que jueguen con ellos todo el tiempo y que los tomen como simples números. Son millones quienes confunden socialismo con comunismo todavía.

Ahora bien, supóngase que se hablaba de socialismo. El mensaje de Trump era que si no se votaba por Él, entonces, tendrían que asumir la llegada de un socialista como Nicolás Maduro a la Casa Blanca. Cualquier persona con lo mínimo leído sobre la trayectoria política de Biden, descubriría la farsa sobre la que se fundamentaba el mensaje. El presidente electo, que fue vicepresidente de Obama durante ocho años, ha sido un senador y político de gran gestión, destacándose como Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, entre otras muchas funciones.

Infortunadamente, parte importante de los latinos de Miami es excesivamente dócil para cooptarle el voto: sólo es mencionarles la palabra mágica: comunismo. Con solo eso, sin razonar, discernir, ni analizar, salen a replicar que aceptan cualquier cosa menos a un “comunista” en el poder. Sin saber que los líderes comunistas no existen. Existen los líderes socialistas, los dictadores, los autócratas y los tiranos, pero estos pueden estar en cualquiera de los dos lados del espectro político convencional: en la derecha o en la izquierda.

Así, con este panorama, vuelve a ser lamentable que gran parte de los migrantes latinos siga actuando como borregos y no dedique tiempo a pensar por qué y para qué se toman decisiones como la de llevar un voto a las urnas. Es por eso que cuando América Latina da un paso adelante, retrocede dos, por la falta de discernimiento de los pueblos.