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ANALISTAS 11/11/2025

El punto de inflexión

Dick Cheney, secretario de Defensa en el gobierno de George H.W. Bush (1989-1993), sugirió “sembrar” el caribe con buques de guerra y cercar a Colombia dada la amenaza que representaban los carteles de la droga. El presidente era Virgilio Barco, este sí respetado en los círculos íntimos del poder en Washington por su lucha contra el narcotráfico, se movió rápido y limaron asperezas en la cumbre antidrogas de Cartagena en febrero de 1990 y cesó la amenaza.

La tensión no fue menor, en especial porque un año atrás había ocurrido el episodio de Panamá con Manuel Antonio Noriega, y en 1983 la invasión a Granada en el caribe, para que el dictador socialista Hudson Austin, quien, en una alianza cubano - Soviética, no generara un caos mayor en la región.

La historia es cíclica. 35 años después, el USS Gerald Ford pasó por el estrecho de Gibraltar rumbo al mar caribe, se encontraba en el manso Adriático, entre las suaves costas italianas y Croacia. ¡Es una ciudad! 337 metros de eslora, 78 metros de manga y todo, a 30 nudos, lo que supone llegará a su misión el 15 de noviembre. Su tripulación de 4.500 hombres, 4 catapultas, unas 50 aeronaves de combate entre otras armas, es el otro portaaviones de la clase Gerald Ford que, junto al USS John F. Kennedy que será botado en 2027, son los buques de guerra más poderosos del mundo superando a los ocho que poseen de la clase Nimitz.

El movimiento es calculado, y obedece a varias cosas. Primero: está claro para la comunidad internacional, que en Venezuela hay una dictadura socialista que ha exportado horror y drogas desestabilizando la región, ha maltratado a sus ciudadanos, llenando de pobreza al país que, según medición publicada por Global Energy, posee 304.000 millones de barriles, un 18% de las reservas globales de petróleo. Segundo; la peligrosa alianza socialista amparada por Cuba, y con un aparente apoyo ruso que ha tejido lazos incluso con grupos terroristas del medio oriente.

El presidente Trump lo tiene claro, los gobiernos americanos, en especial demócratas, descuidaron a América Latina por 30 años, y en muchos casos, salvo el exitoso Plan Colombia Pastrana-Clinton (2000), han subsidiado de todo, pero abandonando el enfoque hacia la lucha contra el narcotráfico, con excepción del gobierno Uribe que no tuvo continuidad, por el contrario, los cultivos de coca han crecido exponencialmente y con ello, la violencia en cada rincón del país amenazando otra vez y de manera muy seria, la democracia en Colombia.

Estos movimientos militares son posibles dada la petición que Trump hizo a los gobiernos europeos que, bajo la sombrilla de la Otan, aumentaron el presupuesto militar de 2% a 5%, buscando respaldar a Ucrania y protegerse de Putin, pero, además, le permiten a EE.UU., estas “maniobras rutinarias” esta vez, sobre la latitud 0 arriba del Ecuador.

En el Antiguo Testamento, el profeta Daniel ha interpretado y leído la sentencia al rey Baltasar: pesado, medido y dividido. En la diplomacia no hay “plan B” se escoge solo a uno.

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