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Analistas 10/08/2026

Abelardo picó y salvó patria

Juan Pablo Liévano Vegalara
Exsuperintendente de Sociedades

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En los años setenta, cuando jugábamos en las calles sin temor, era muy famoso el juego de “las escondidas”. Consistía en que alguien contaba de uno a veinte, con los ojos cerrados y desde una base, mientras los demás se escondían. Una vez terminado el conteo, quien contaba debía descubrir dónde estaban sus amigos y “picar”, es decir, tocar la base mientras decía: “Uno, dos, tres por fulanito”, indicando dónde estaba escondido. Los demás jugadores se salvaban tocando o picando la base y gritando: “Uno, dos, tres por mí”.

El primero en ser descubierto era quien debía contar y buscar en la siguiente ronda. Lo más emocionante era que el último jugador podía llegar a la base, picar por sí mismo y salvarlos a todos: “¡Pico y salvo patria!”, se decía. Eso fue exactamente lo que ocurrió en las pasadas elecciones presidenciales, en las que Adle ganó, picó y salvó patria, pues no cabe duda de que el triunfo de Iván Cepeda habría representado una sentencia de muerte para la democracia colombiana.

Lo cierto es que la negra sombra del comunismo dictatorial ha merodeado a Colombia durante décadas. Todo comenzó en los años sesenta, cuando los guerrilleros y comunistas cubanos, liderados por Fidel Castro, después de deponer al dictador Batista, se atornillaron al poder, les quitaron la libertad a los cubanos y llevaron al país a la miseria. Se dedicaron a vivir sabroso a costa del pueblo: comiendo, robando, parrandeando, bebiendo y fumando tabacos. También emplearon su ingenio para exportar la revolución a Latinoamérica, fomentando y patrocinando la guerrilla en Colombia. Incluso el Che Guevara encontró su trágico destino cuando intentó llevar la revolución a suelo boliviano.

En los años noventa, cuando la revolución mutó de las armas a la toma democrática de la democracia, llegó el chavismo. Y ocurrió lo mismo. El régimen chavista se dedicó a vivir sabroso a costa del pueblo, con la consecuente pérdida de las libertades y el empobrecimiento de los venezolanos. Por supuesto, también miró hacia su vecino, Colombia, para echarle una mano revolucionaria. Estuvimos a punto de sucumbir. Uribe fue el muro de contención. Santos, sin embargo, abrió la puerta revolucionaria con su falsa paz. Así llegó el impresentable presidente guerrillero y revolucionario que malgobernó el país. Su pretensión era vivir sabroso, juergueando, y completar, con Cepeda, la toma democrática de la democracia, perpetuando un régimen corrupto, opresor y ruinoso para los colombianos.

Me gustaría decir que, con el triunfo y la posesión de Adle, cesó la horrible noche. La verdad es que no. No podemos equivocarnos. Adle picó y salvó patria, pero solo para darnos un poco más de tiempo. Serán cuatro años durante los cuales todos los que estamos del otro lado de Petro, Cepeda y sus secuaces debemos apoyar al nuevo gobierno, sin divisiones ni cálculos políticos, para que le vaya bien. Tenemos que corregir el desastre que dejó el petrismo y mejorar el país para todos, de manera que no exista la posibilidad de que los impresentables socialistas del siglo XXI, que posan de demócratas, puedan retomar el poder para vivir sabroso y, mediante ideas y métodos comunistas, coartar las libertades ciudadanas y llevar al país a la miseria.

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