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Analistas 05/10/2021

Desencanto de las democracias

Luis Felipe Gómez Restrepo
Rector de la Universidad Javeriana Cali

Crisis y desencanto de la democracia en América Latina. Así se titula un estudio realizado por 15 universidades del continente del sistema Ausjal (Compañía de Jesús en América Latina). Sus conclusiones son contundentes: ven un desarrollo en la institucionalidad electoral, pero no en la conciencia ciudadana de apoyo a las democracias.

Observan cómo en algunos países se han elegido y relegido gobiernos autocráticos y que reducen el sentido de la democracia. De otra parte, ven muchos riesgos de inestabilidad por los problemas endémicos de desigualdad social y de liderazgo político.

El primer paso de la investigación del grupo de casi 50 profesores que tomaron parte, fue la de determinar qué se entendía por democracia. Estos fueron los elementos que consensuaron: contar con un método electoral, el imperio de la ley, la posibilidad de alternancia, la vigencia de derechos políticos, el sufragio universal y secreto, la competitividad entre diferentes opciones y libertades cívicas básicas.

A esto le llamaron democracia. Adicionaron a ello las variedades de democracia y finalidades: liberal, protección de derechos individuales; participativa en términos de inclusión en toma de decisiones; deliberativa por su comunicación para consensuar; e igualitaria en lo material, legal y de oportunidades.

Un primer hallazgo, el nivel de democracia electoral, medido por los barómetros de percepción internacionales, no tiene correlación con el apoyo que la ciudadanía le da a la democracia. Más democracia no supone más apoyo de la ciudadanía.

Un segundo paso interesante fue la tipología de democracias. Allí se pusieron de acuerdo en dos variables fundamentales: Apoyo a la democracia (AD) y Nivel de democracia (ND). Así aparecen cinco tipologías: Democracias fallidas (AD alto; ND bajo), allí ubicaron a Venezuela y Nicaragua; Democracias deficientes (AD bajo; ND bajo) allí están Honduras, Paraguay, México, El Salvador y Guatemala; Democracias impopulares (AD bajo; ND alto) aparecen Panamá, Perú y Brasil; Resiliencia democrática (AD alto; ND alto) Costa Rica, Uruguay, Argentina y Chile; y Democracias en el límite (AD medio; ND medio) están ubicadas Colombia, Bolivia, Ecuador y República Dominicana. La ubicación de los países correspondió a los datos para los años 2018-2020.

En el diálogo sobre los resultados, aparecen elementos que van determinando también esas tipologías de democracias en América Latina. Por una parte, los problemas de exclusión económica, desigualdad y pobreza; por otra, los de corrupción que generan profundos desencantos en la ciudadanía.

Sobre la evolución se mostraron ciertas constantes: la irrupción de los jóvenes en la calle, el movimiento social que ha estado impulsado decididamente por jóvenes en muchos de los países; la aparición de caudillismos y populismos que atentan contra la sanidad democrática; procesos de polarización que excluyen posibilidad de lograr consensos nacionales; la nueva realidad de comunicación por la irrupción de las redes sociales, con las fragilidades por lo manipulables, y la pérdida de credibilidad de muchos de los medios de comunicación tradicionales.

Todo este panorama ha generado una pregunta: qué hacer por parte de las universidades en la región. Varias fueron las pistas, resalto tres. La primera, la necesidad de intervenir en el debate público analizando las propuestas e iniciativas que se mueven en la agenda nacional. Segundo, la importancia de establecer observatorios de la realidad democrática que permitan hacer un seguimiento y compararlas a nivel latinoamericano. Tercero, el seguimiento a redes sociales con laboratorios interdisciplinarios para los análisis cualitativos y con la analítica de datos.

Frente a las democracias frágiles en América Latina se requiere que los distintos estamentos y actores en sociedad las apoyen y fortalezcan. Es una tarea de todos. Cuando se pierden las democracias, ahí si se les añora.