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Analistas 07/10/2025

De la equidad prometida, a la inestabilidad vivida

Luis Felipe Gómez Restrepo
Profesor Universidad Javeriana Cali

Hacer un balance del Gobierno del presidente Petro exige dejar a un lado las pasiones. Ni el rechazo absoluto ni la adhesión ciega permiten comprender lo que el país vive. Como todo Gobierno, este tiene luces y sombras, aciertos que merecen reconocimiento y desaciertos que despiertan seria preocupación.

Un primer acierto es la titulación de tierras a campesinos. Durante décadas se prometió la reforma agraria sin que llegara a concretarse en hechos. Petro ha avanzado en la entrega de títulos, lo que fortalece la seguridad jurídica de pequeños productores, les da herramientas para acceder a créditos y fomenta la productividad en el campo. Este proceso puede marcar un hito en la historia rural del país.

El segundo acierto es el fortalecimiento de los derechos laborales y del salario mínimo. El aumento real del ingreso básico ha protegido frente a la inflación y refleja la intención de dignificar el trabajo. Sin embargo, este mismo incremento ha tenido un efecto indeseado: la informalidad ha crecido.

El tercer acierto está en la reforma pensional. Con todos sus límites, corrigió distorsiones de un sistema que favorecía a los más ricos y dejaba desprotegida a la mayoría. El esquema adoptado amplía la cobertura y otorga mayor sostenibilidad financiera frente a lo existente. Aunque queda camino por recorrer en términos de sostenibilidad, es innegable que se dio un paso hacia adelante.

Un cuarto acierto al colocar temas de la humanidad en la conciencia global. Petro ha insistido en la urgencia de enfrentar el cambio climático. Asimismo, ha alzado su voz frente al horror de la guerra en Gaza, lo que, más allá de las controversias, refleja sensibilidad hacia causas universales que trascienden las fronteras nacionales.

Por el lado de los desaciertos, el primero es la polarización acompañada de amagos contra la institucionalidad. Un presidente debería representar la unidad nacional, pero Petro ha preferido dividir con discursos agresivos que estigmatizan a sus contrarios y tensionar el equilibrio de poderes. Ese clima erosiona la democracia y alimenta la desconfianza ciudadana.

El segundo desacierto es el desorden fiscal y el gasto público desmesurado. Eliminar la regla fiscal para justificar mayores erogaciones en burocracia y clientelismo ha deteriorado la confianza en la gestión. A ello se suman escándalos de corrupción como el de la Unidad de Gestión del Riesgo de Desastres, que muestran un manejo poco transparente de los recursos públicos.

El tercer desacierto ha sido el debilitamiento del sector salud. Ha implosionado el sistema, agravando las condiciones de atención para millones de ciudadanos. El limbo institucional y financiero en el que quedaron hospitales y EPS ha puesto en riesgo la vida de muchos colombianos.

El cuarto desacierto es el manejo errático de la estrategia de “Paz Total”. Sin planeación ni buena implementación, terminó aumentando la inseguridad en el país, fortaleciendo a grupos armados ilegales y debilitando la confianza ciudadana.

El balance muestra que, aunque existen avances que no se pueden desconocer, los desaciertos generan una creciente sensación de incertidumbre.

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