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Como académica y estudiosa del ecosistema fintech colombiano, encuentro un hecho particularmente llamativo al revisar el programa del presidente electo, Abelardo De La Espriella: las palabras fintech, industria 4.0 o industria 5.0 no aparecen de manera explícita. Sin embargo, sería un error concluir que la tecnología financiera está ausente de la visión de país propuesta para los próximos años.
Por el contrario, muchas de las iniciativas planteadas podrían convertirse en los cimientos de una nueva etapa para la innovación financiera en Colombia, siempre y cuando exista una estrategia clara para articularlas.
Celebro, por ejemplo, la apuesta por aumentar la inversión en ciencia, tecnología e innovación y el propósito de convertir a Colombia en un hub digital de América Latina. El desarrollo del ecosistema fintech depende precisamente de esos dos elementos: inversión y talento. Ninguna economía puede aspirar a liderar la transformación digital sin fortalecer sus capacidades de investigación, incentivar el emprendimiento tecnológico y formar profesionales preparados para los desafíos de la nueva economía.
También considero acertada la propuesta de fortalecer la formación en inteligencia artificial, robótica y competencias digitales avanzadas. Desde la experiencia en el sector, he podido observar que uno de los mayores desafíos de las empresas fintech no es la falta de ideas innovadoras, sino la escasez de talento especializado en ciencia de datos, ciberseguridad, analítica avanzada y regulación tecnológica.
Sin embargo, si hay un aspecto que, en mi opinión, debería ocupar un lugar prioritario en la agenda del nuevo gobierno es el desarrollo de las Finanzas Abiertas. Aunque el programa no las menciona expresamente, las iniciativas relacionadas con inteligencia artificial, blockchain, digitalización y aprovechamiento de los datos crean las condiciones para consolidar un ecosistema de Open Finance mucho más robusto y competitivo.
Las Finanzas Abiertas tienen el potencial de democratizar el acceso a los servicios financieros, permitir el desarrollo de modelos de scoring alternativo, mejorar el acceso al crédito para las micro y pequeñas empresas y generar productos más personalizados para los usuarios. En un país donde todavía existen importantes brechas de inclusión financiera, esta debería ser una prioridad nacional. Así mismo, considero que la modernización tecnológica del Estado puede abrir enormes oportunidades para el crecimiento de las soluciones RegTech y SupTech. La incorporación de inteligencia artificial en entidades públicas, la automatización de procesos y el fortalecimiento de la trazabilidad mediante blockchain no solo mejoran la eficiencia gubernamental, sino que también generan nuevos espacios para la innovación empresarial.
No obstante, también percibo una ausencia importante en las propuestas conocidas hasta ahora: la visión de una industria 5.0. La conversación pública sigue concentrándose en la digitalización y adopción de nuevas tecnologías, cuando el verdadero reto consiste en poner esas tecnologías al servicio de las personas.
Las fintech del futuro no solo deberían ser más digitales, sino también más humanas, más inclusivas y más sostenibles. La inteligencia artificial, la automatización y el análisis de datos deben convertirse en herramientas para reducir desigualdades, ampliar oportunidades y mejorar el bienestar de los ciudadanos.
Desde mi perspectiva, el nuevo gobierno tiene una oportunidad histórica: reconocer que las fintech ya no son un sector emergente o marginal, sino un actor estratégico para la competitividad y el desarrollo económico del país. Si las apuestas en ciencia, tecnología y transformación digital logran articularse con una agenda decidida de innovación financiera, Colombia podría consolidarse como uno de los principales referentes en fintech de América Latina.
La gran pregunta es si estamos dispuestos a aprovechar esta oportunidad o si, una vez más, permitiremos que la transformación financiera avance más rápido que las políticas públicas que deberían impulsarla.
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