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Colombia surtió jornadas electorales, una tras otra, desde el 19 de octubre de 2025 hasta el pasado 21 de junio de 2026, con el propósito de elegir consejeros de juventud, tramitar consultas intra e interpartidistas de precandidaturas presidenciales, elegir senadores y representantes, así como celebrar primera y segunda vuelta para elegir presidente y vicepresidente.
En materia de procedimiento electoral propio de la democracia representativa, Colombia ha logrado, enhorabuena y sin espacio para dudas malintencionadas, darle trámite al calendario institucional que el país tiene previsto en su ordenamiento constitucional y legal.
Es una noticia alentadora para la dinámica republicana de la patria y justo es reconocer la encomiable labor de las autoridades electorales nacionales y regionales para sacar adelante estas jornadas, incluso ante intentos y cascaritas del saliente gobierno Petro para desacreditar y deslegitimar el procedimiento electoral y sus resultados finales.
Hoy Colombia tiene un Congreso elegido que iniciará sus funciones el próximo 20 de julio, así como un presidente y un vicepresidente que lograron un triunfo electoral inobjetable para iniciar funciones constitucionales a partir del próximo 7 de agosto. La democracia representativa colombiana y sus procedimientos electorales conexos han salido adelante y hay que reiterar que se trata de una buena noticia.
Dicho lo anterior, es menester afirmar que una democracia sostenible y la sostenibilidad de una democracia no se reducen, no se agotan ni se garantizan solamente con aplicar los procedimientos electorales de carácter representativo.
La sostenibilidad de la democracia y la democracia sostenible exigen artes y oficios adicionales que implican participación, consensos, diálogo social y comunitario, alianzas público-privadas, construcción de gobernanza y gobernabilidad, comunicación social y política asertiva y responsable e, igualmente, necesitan actitudes y comportamientos edificantes, éticamente consecuentes, por parte de aquellos protagonistas que hayan recibido un mandato con votos ciudadanos.
Un triunfo electoral no significa automáticamente un triunfo político definitivo y sostenible en el tiempo, así como una derrota electoral tampoco significa una derrota política inexorable e irreversible.
Triunfadores y derrotados de las anteriores jornadas electorales, si realmente tienen talante republicano, han de ser garantes del cuidado integral de la sostenibilidad democrática de Colombia, la cual pasa por un “detox” simultáneo de corrupción, violencias, populismos e impulsos cesaristas y autoritarios que nos andan acechando. La sostenibilidad de la democracia también exige trascender manadas exclusivas y excluyentes, sean estas de “jaguares”, “tigres” u otro espécimen de simbología therian, que en campañas suenan divertidas, pero para gobernar o hacer oposición son perniciosas.
En pro de la sostenibilidad democrática, cada ciudadano está llamado a activar el código cívico 6060247412N, que significa un estado de vigilia republicana en los 60 segundos de cada minuto, en los 60 minutos de cada hora, en las 24 horas de cada día, en los siete días de cada semana, en las cuatro semanas de cada mes, en los 12 meses de cada año, durante N años de vida que tenga por delante.
Dirán que no le pertenece al gobierno, sino a los colombianos, y suena bien, pero es falso. Ser dueño es poder usar, vender y decidir. ¿Puede usted, “dueño” de Rtvc, vender su parte