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Analistas 23/07/2021

Daños colaterales

Julián Arévalo
Decano, Facultad de Economía, Universidad Externado de Colombia

A medida que los programas de vacunación avanzan a lo largo del mundo - así sea de manera muy asimétrica y no con pocas dificultades - los balances sobre los retos en diferentes áreas afectadas directa o indirectamente por la pandemia prenden cada vez más alarmas. Esta vez fue el turno para el reporte anual de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), donde se señala que, a una situación ya precaria en materia de cumplimiento de varias de esas metas, el covid impuso múltiples retos adicionales.

Una de las áreas críticas es la educación. Los avances para alcanzar en 2030 el objetivo de una educación incluyente, equitativa y que promueva oportunidades de aprendizaje para la vida de todos, eran lentos previos a la pandemia, y las medidas de confinamiento junto a la reticencia de muchos profesores de volver a las aulas solo han complicado dicho escenario. A nivel global, un año después de la llegada del covid, dos de cada tres estudiantes seguían afectados por los cierres parciales o totales de las escuelas, con 100 millones de niños más que antes que no pueden demostrar habilidades básicas de lectura.

Sin embargo, contrario a las necesidades que muestran estas cifras, múltiples gobiernos han reducido los recursos destinados a la educación, profundizando así las asimetrías existentes y alejando aún más las metas en este frente.
Un segundo tema crucial es el objetivo de alcanzar la igualdad de género, el cual también se hace cada vez más distante. Dentro de los efectos de la pandemia se encuentra un incremento en la violencia contra mujeres y niñas -buena parte de ella de carácter doméstico- un aumento esperado en las cifras de matrimonio infantil, y una pérdida proporcionalmente más alta de puestos de trabajo.

Esto se suma a dificultades prexistentes en aspectos como la insuficiente participación en espacios de toma de decisiones, en posiciones administrativas y la permanencia de leyes discriminatorias.

Un tercer frente de trabajo con resultados preocupantes es el de la lucha contra el cambio climático y sus impactos. En abril de 2020, en el momento de cuarentenas más estrictas en todo el planeta, generó bastante preocupación ver que la reducción de emisiones fue de apenas 17% respecto a 2019. Esto indicaba que, incluso con cambios mayores en el estilo de vida de gran parte de la población mundial, aún habría que hacer enormes esfuerzos para acercarse a las metas del Acuerdo de París de 1,5°C grados por encima del promedio global antes de la revolución industrial. En este caso, las cifras del año pasado de reducción en las emisiones muestran la magnitud del reto para alcanzar resultados que impidan la catástrofe ambiental en desarrollo.

Los desafíos no son menospreciables. En estos y otros ámbitos de los ODS, las aspiraciones de corregir problemas que afectan de manera estructural la vida de millones personas en el planeta no se han abordado con la seriedad necesaria y eventos inesperados como la llegada del covid, solo han complicado las cosas.

Es clave que, de cara a estos desafíos, los liderazgos políticos y sociales empiecen a plantear agendas de transformación ajustadas a la realidad, en lugar de seguir enfrascados en discusiones que dan la sensación de que vivimos en el mismo contexto de hace 50 o 200 años, tal como lo presenciamos en los discursos de esta semana.