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Analistas 01/01/2022

Lo que esperamos de 2022

Juan Pablo Liévano Vegalara
Exsuperintendente de Sociedades

El año 2020 fue el año de la pandemia y los cierres. La economía colombiana decreció el 6.8%, el peor resultado desde la segunda guerra mundial.

2021 fue el año de la reactivación económica. El Gobierno nacional se empleó a fondo durante estos dos años, sin que existiera un manual o cartilla para manejar la crisis, en mantener a flote la economía, las empresas y el empleo.

En 2020, la tasa de desempleo terminó en 13,4%, resultado que se vio empañado por los cierres de enero en algunas regiones, lo que implicó una tasa de desempleo de 17,3% en enero de 2021, con un cierre en octubre de 11,8%. Para el cierre del año, se espera una tasa de desempleo cercana al 10%.

Lo verdaderamente real y cierto es que Colombia muestra unos signos alentadores y sorprendentes, como el hecho de que la economía podría cerrar con un crecimiento superior a 10%, a pesar de aquellos que, amparados en el legítimo derecho a protestar, paralizaron algunas ciudades del país.

De hecho, el crecimiento y la normalización fueron vigorosos. Según el índice de normalidad global del The Economist, que utiliza criterios para evaluar la normalidad de los países respecto a su actividad pre-pandemia, como el comportamiento de las ventas al por menor, el tiempo fuera de casa, el uso del transporte público y las oficinas, el nivel de tráfico y vuelos, así como la asistencia a eventos deportivos y a cines, Colombia ocupó el puesto número 2 a nivel mundial.

Esto se debió en gran parte a la política acertada de vacunación del Gobierno nacional y haber podido abrir la economía. Para 2022, se espera continuar con la reducción de la tasa de desempleo y un crecimiento de 4%.

La pregunta es: ¿Qué debe ocurrir para que sigamos en esta senda de crecimiento y recuperación? En primer lugar, están las variantes del COVID-19. Según los expertos, la nueva variante Ómicron es mucho más contagiosa, pero no más agresiva o mortal. En ese sentido, si continuamos vacunando con el mismo ritmo y se realizan pruebas y aislamientos personales, las empresas podrán continuar generando valor y empleo.

En segundo lugar, está la confianza, tanto del inversionista como del consumidor. Esta confianza depende del futuro a corto, e incluso mediano plazo. Si los nuevos brotes son manejados de manera adecuada, con aislamientos personales y sin cierres, tendremos mayor presencialidad y confianza. Desde el punto de vista de confianza, debemos también mirar el panorama político.

La realidad es que existe apatía de la ciudadanía con la política, lo que ha generado una percepción de incertidumbre y temor por el resultado. Hay muchos candidatos de aquellos que representan la defensa de la libre empresa y las libertades individuales, pero no están seduciendo al electorado con su mensaje, lo que genera mayor visibilidad de los candidatos antisistema o con ideas poco ortodoxas y populistas.

En conclusión, 2022 será de consolidación de la reactivación y el crecimiento económico. Su fortaleza dependerá de la evolución del proceso electoral y del manejo de las nuevas variantes del COVID-19. Todo está servido para que tengamos un buen 2022.