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Energías alternativas ¿falacia?

Donald Trump el mes pasado se salió del pacto global de lucha contra el cambio climático, sus razones fueron electorales, de empleo y, sobre todo, de eficiencia. Su salida ha tenido múltiples repercusiones y críticas. Sin embargo, al leer las estadísticas de la lucha contra el cambio climático surge la duda: Si las energías alternativas son tan buenas y además “gratis”, ¿por qué solo 2% de la población lo utiliza?

La respuesta no es fácil y tiene muchas variables. En primer lugar, el proceso solar y de viento es costoso.  Un panel solar tiene una inversión tres veces mayor a la de cualquier instalación eléctrica. Otros dos graves problemas son: primero, el proceso solar carece de concentración o de diluteness por lo tanto se necesitan de otros materiales como el titanio o el fósforo, los cuales necesitan una gran cantidad de energía para ser producidos. Segundo, su producción es intermitente, la noche, incluso la niebla, impiden su carga. Distinto de otros elementos como el petróleo o el carbón que pueden comprarse cuando se necesiten y no requieren materiales adicionales para lograr su concentración.

Un ejemplo de lo anterior es Alemania, la cual es líder en el tema pues el Estado subsidia la construcción de paneles solares y turbinas de viento. A pesar de ello, la producción energética está por debajo de 10%; además su consumo de carbón ha aumentado con la construcción de energías sostenibles ya que sirve para sustituir las falencias que presentan estos sistemas.

Sin embargo, por alguna razón, a partir de 2011 los paneles solares vienen creciendo un 73% según la U. de Illinois; Estados Unidos está produciendo 60 gigawatts por hora, España 45 y Japón 58. La principal razón es la conciencia social que crece en torno al medio ambiente, la eficiencia que gradualmente van cogiendo estos sistemas y el costo de producción que, aunque se mantiene caro, ha bajado sus precios. 

Por ejemplo, la producción e instalación de un panel solar hace 20 años era de $20 por watt y ahora es de un poco menos de $5. Esta tendencia va de la mano de la inversión en descubrimiento de energías no renovables. En solo California, en la U. de Berkeley se lidera un proyecto de casi US$2 billones para el perfeccionamiento de estas, por tanto, dichas energías no son una falacia.

Colombia se mantiene por debajo de la tendencia mundial. En 2016 el gasto de proyectos energéticos tradicionales fue de más de $2 billones, mientras que para energías sostenibles fue de $2.000 millones. Dicho gasto refleja menos de 1% de la incorporación de estas energías a nivel nacional. 

El tema como se ve, no tiene una respuesta fácil, lo ideal es utilizar una transición paulatina a medios amigables, mientras van creciendo en eficiencia y disminuyendo su precio. Lo cierto es que Trump no estaba del todo errado, el escándalo hecho, esa fue la verdadera falacia.