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Analistas 27/08/2021

El país del atajo

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

El colombiano históricamente se ha caracterizado por su resiliencia; el país, a pesar de sufrir décadas de violencia, ha logrado salir adelante y ha podido superar las épocas más oscuras con el narcotráfico y con las guerrillas terroristas. Esta capacidad de volver a levantarse a pesar de las adversidades tiene un gran enemigo: la cultura del atajo.

Es común en las vías de las capitales la imagen del doble y hasta tercer carril ocupados para hacer un cruce, sin importar el tiempo de quienes ordenadamente hacen fila o de quienes no van a cruzar; esta cultura no es solo de conductores: según la U. de los Andes entre semana hay 15,4% de colados en el sistema de transporte y el domingo la cifra asciende al 25,2%; otra cifra impactante es que más del 90% de los evasores son menores de 40 años.

La cultura del atajo se puede ver desde el colegio con los intentos de copia en los exámenes y el préstamo de trabajos y tareas; esta vía, poco sancionada, lleva a que la conducta siga en la universidad; lo que parece insignificante encierra en sí un problema de ética, el cual una vez cimentado poco se puede hacer por cambiarlo. A esto se suma las faltas frecuentes y “normales” entre trabajadores con la excusa médica, las falsas certificaciones que incluso llevan a participar en grandes licitaciones sin importar si se tiene o no la experiencia, pues un documento falso es un atajo válido para lograr sus objetivos.

Esta cultura trae un problema sociológico más grave, fruto del problema del narcotráfico y es la posibilidad de acceder al dinero fácil; miles de jóvenes en las ciudades y en el campo deciden optar por este camino, a sabiendas de la ilegalidad y las muertes que conlleva, todo por cumplir más rápido sus sueños monetarios.

Tal cultura se ha venido arraigando con el paso del tiempo; las nuevas generaciones no crecieron con la violencia de la guerrilla y menos con la del narcotráfico; el repudio por las cosas fáciles pareciera se pierde; las redes, los ejemplos de jóvenes que logran sus cosas con apenas unas publicaciones y sin esfuerzo, son una tentación para buscar atajos que acorten el camino. Trabajar 80 años para sacar una empresa adelante no es atractivo cuando la ilegalidad y la inmediatez de las redes trae recompensas similares. Tal vez el peor daño que ha hecho el narcotráfico ha sido el de la cultura fácil, que poco a poco ha ido permeando muchos sectores de la sociedad colombiana.

Michael Sandel señala que la enseñanza ética, arraigada, profunda, solo es posible con la enseñanza desde la niñez. Para erradicar la cultura del atajo no hay otra salida: necesita un cambio generacional donde los valores, el respeto por el otro y por hacer las cosas bien tengan valor; según el pensador, este cambio dura una generación entera; estamos en mora; mientras tanto la opción del atajo va a seguir cobrando fuerza y haciendo todo el daño que esto conlleva.