Petro hubiera podido ser un líder de izquierda técnico y conciliador, rodeado de personas competentes y capaz de impulsar transformaciones importantes dado su inicial capital político. No fue así. El balón cayó en la tribuna
Nada pasó. Jamás hubo respuestas. Ni siquiera mínimo asomo de vergüenza como suele ocurrir ante una contraparte que aquel que ofende desprecia