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¿Las redes o la calle?

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Juan Isaza

Las últimas semanas han sido intensas en las calles de muchas ciudades del mundo. No puede ser coincidencia que el espacio público se haya llenado de manifestantes en Hong Kong, el Reino Unido, Chile, España y otras muchas geografías. No es fácil encontrar factores comunes, porque cada uno obedece a temas políticos internos y todos han comenzado por alguna medida gubernamental o una decisión judicial. Sin embargo, ¿qué hace que en la época de las redes sociales los ciudadanos del mundo estén recurriendo al más tradicional de los métodos para generar cambios en sus sociedades?

Hace una década yo definía a las redes sociales como el nuevo espacio público. Y creo que lo han sido. Ahí nos hemos enterado de las noticias, ahí hemos ampliado el círculo de amigos y hasta encontrado pareja. Hemos visto las novedades que llegan al mercado e incluso, hemos manifestado nuestro descontento y hemos promovido las ideas políticas que son de nuestros afectos. Sin embargo, parece que hoy la política empieza a huir de las redes sociales. Recientemente, una encuesta en Estados Unidos determinó que el 46% de los usuarios de redes sociales se sienten verdaderamente desgastados con los contenidos políticos. El 68% siente frustración cuando trata de discutir temas políticos en las redes. Recuerdo hace unos años que muchos acuñaron con ironía el concepto de ‘slacktivist’ definido como aquel activista que, sin hacer esfuerzo alguno, sin donar un peso y sin moverse de su casa, quería cambiar las cosas desde las redes sociales.

Por lo que hemos visto recientemente, vale la pena preguntarnos si más bien las calles vuelven a ser nuestra red social primordial. No lo podemos negar: la calle es imparcial, la calle no tiene algoritmos, la calle no tiene dueños con intereses particulares. Como resultado de los escándalos que han afectado a las redes sociales después de las elecciones del 2016 en Estados Unidos, ellos también parece que prefieren dejar de ser espacio público. A comienzos de este año cuando Zuckerberg presentaba la nueva interfaz decía literalmente que ahora Facebook pasaba de ser la plaza del pueblo a ser la sala de la casa.

¿Se acuerdan de la muy publicitada misión de Facebook? “Darle a la gente el poder de construir comunidad y unir más al mundo” Parece que las redes no fueron capaces de hacerlo a la escala que la sociedad lo requeriría. Se quedaron cortas a la hora de trasladar la discusión de las vías de hecho al terreno de los argumentos. No han logrado ser ese espacio público político que tantos heridos y destrozos nos habrían evitado. Quizás porque no fueron capaces de ser imparciales o, como lo dice con mucha ironía Roger McNamee, uno de los primeros inversionistas de Facebook y que ahora se ha convertido en su mayor crítico: “Facebook encontró la manera de que 2.000 millones de personas estuvieran conectadas, pero separadas al mismo tiempo”.

Hoy, las redes sociales sirven para convocar, registrar y amplificar las imágenes de las manifestaciones y los destrozos en las calles, pero no para unir ni para conciliar. ¿Será que algún día serán capaces de ser un verdadero espacio público y así ayudar a generar cambios con los teclados y no con los molotovs? Por ahora, solo sabemos que nuestras sociedades están más divididas que nunca. ¿Será que la calle resulta más eficiente para unir lo que las redes sociales ayudaron a separar?

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