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En el gobierno de Gustavo Petro, Colombia presentó el peor comportamiento en materia de crecimiento económico en lo que va corrido de este siglo y, al mismo tiempo, generó el mayor déficit fiscal que hemos visto en el mismo periodo. Por si fuera poco, la inversión como porcentaje del PIB es la menor desde que se tienen estos registros. Por esta razón, nos enfrentamos a la tormenta perfecta en cuanto al funcionamiento de nuestra economía.
Al analizar las cifras del crecimiento promedio de nuestra economía vemos que el gobierno Petro presentó un lánguido crecimiento cercano a 1,8%, mientras el promedio de este siglo, sin contar el terrible gobierno anterior, se acerca a 3,9%. Adicionalmente, si se observa el comportamiento del último año, el gasto público representa más de dos terceras partes del crecimiento. Esto es insostenible.
Más triste aún es que ese gasto público no se ha traducido en inversión, sino en un crecimiento desbordado de la nómina estatal y de los contratos de prestación de servicios. Si se analiza el presupuesto para el próximo año, el rubro denominado inversión pública representa escasamente 14% del monto total; en contraste, el servicio de la deuda representa 24% del mismo. Inaceptable.
Si se analiza desde el ingreso, se observa que el presupuesto para 2027, de $634 billones, presenta $286 billones, que equivalen a 46,5% y que serán financiados con recursos de capital, y cerca de $266 billones que serán financiados vía crédito. El ministro de Hacienda, al momento de presentar el presupuesto, mencionó una cifra dramática y expuso que los ingresos corrientes de la Nación ascienden a $29 billones mensuales, mientras los gastos se sitúan del orden de los $40 billones.
Esto quiere decir que todos los meses se tiene que adquirir una deuda cercana a los $11 billones. Esto nos lleva a que el déficit fiscal proyectado para 2026 sea cercano a 8,4% y que para 2027 esté rondando 10%, con un déficit primario cercano a 4,5% y una deuda como porcentaje del PIB superior a 67%. Es urgente tomar decisiones en materia fiscal, puesto que, de continuar en esta senda, las consecuencias serán catastróficas y Colombia será un Estado fallido.
Al analizar la inversión se observa que esta se encuentra en niveles de 15,8%, muy por debajo del promedio histórico de este siglo que, como lo presentó el ministro de Hacienda, era cercano a 22%. Queda claro entonces que la persecución al sector privado, la muy alta carga impositiva a las empresas y la inseguridad física y jurídica generada en el gobierno anterior terminaron por poner en serios aprietos el crecimiento potencial de nuestra economía.
Un crecimiento pírrico, sin inversión privada, sin inversión extranjera directa, que hoy representa menos de 2,5% del PIB y que pesa menos que las remesas de los colombianos en el exterior, y con un déficit fiscal por las nubes, tienen al país al borde de la quiebra. Todo esto, sumado a una altísima tasa de interés de la deuda pública, termina por destruir la capacidad de ahorro e inversión.
La receta para salir de la crisis es sumamente compleja, pero tiene que tener como principal ingrediente el crecimiento de la economía soportado en la inversión privada. Para esto se requiere bajar la tasa de renta corporativa a sectores estratégicos como el extractivo, que hoy tiene una carga de 50%, lo que hace que los capitales prefieran invertir en otras latitudes; igual ocurre con el sector financiero, lo que sin duda alguna encarece el crédito. Debe generarse seguridad física y jurídica y destrabarse los procesos de licenciamiento y consulta previa de los principales proyectos.
Es indispensable un recorte profundo del gasto público, que ha generado la incapacidad de irradiar crédito al sector privado por financiar al Estado, y generar confianza en los mercados para disminuir las tasas de interés. Resulta imperativo que se promuevan grandes proyectos, se fomenten asociaciones público-privadas y se reduzca la infinidad de trámites y permisos. Solo así habrá inversión.
Señor Ministro: al sector privado le corresponde invertir y competir; y al Estado, crear las condiciones para que sea viable hacerlo
El nuevo modelo está orientado a que los costos de recoger, transportar y enterrar las basuras sean cada vez menores como consecuencia de un mayor aprovechamiento de los residuos