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El crecimiento económico del tercer trimestre sorprendió positivamente y constituye una fuente de optimismo en un entorno marcado por las preocupaciones fiscales. Según el Dane, la economía colombiana creció 3,6% anual, por encima no solo del registro del mismo trimestre de 2024 (1,8%), sino también de la expectativa del mercado (2,8%). Con este resultado, el crecimiento acumulado del año se ubica en 2,8%, consolidando un ritmo más dinámico que el observado recientemente y aportando señales de resiliencia en medio de un contexto desafiante.
Por el lado de la oferta, el impulso provino de la administración pública y defensa, que creció 8% y aportó 1,3 puntos porcentuales al crecimiento total, reflejando el fuerte dinamismo del gasto público. En segundo lugar, el comercio, el transporte y los servicios de comida aumentaron 5,6%, apoyados en una recuperación sólida del comercio al por mayor y al por menor. También destaca la industria manufacturera, que creció 4,1%, su mejor desempeño en un año, impulsada por la refinación de petróleo y por la mayor actividad en segmentos industriales asociados.
A pesar de estas buenas noticias, persisten focos de preocupación. La construcción cayó 1,5% y completó tres trimestres consecutivos en terreno negativo, arrastrada por la debilidad en edificaciones residenciales y no residenciales. Lo mismo ocurre con la explotación de minas y canteras, que se contrajo 5,7% y ajustó siete trimestres de descensos, afectada por la menor extracción de petróleo, gas y minerales metálicos. Estos sectores, tradicionalmente motores de inversión, empleo y crecimiento de largo plazo, continúan deprimidos y limitan una recuperación más equilibrada y sostenible.
Por el lado de la demanda interna, el consumo final creció 5,7%, su mejor cifra desde 2022. El consumo del Gobierno, con un crecimiento de 14,2%, fue determinante para explicar la expansión. El consumo de los hogares también repuntó, creciendo 4,2%, impulsado por mayores gastos en alimentos, recreación, transporte y otras actividades asociadas a la recuperación de la movilidad y del ingreso disponible. Sin embargo, el fuerte aumento del efectivo en manos de los colombianos -17% anual a octubre- sugiere, sin ser prueba concluyente pero sí un indicio relevante, que parte del consumo que hoy impulsa la economía podría estar asociado a actividades informales o incluso a fuentes ilícitas. Esta dinámica plantea dudas sobre la calidad y la sostenibilidad del rebote del consumo, y subraya la importancia de la formalización del empleo y de combatir el narcotráfico y la minería ilegal.
La formación bruta de capital fijo avanzó 4,8%, gracias principalmente a la adquisición de maquinaria y equipo, una señal positiva en un entorno aún débil para la inversión productiva. No obstante, el comercio exterior continúa restando al crecimiento: aunque las exportaciones crecieron 2,2%, las importaciones lo hicieron al 10%, lo que generó un aporte neto negativo y un deterioro del balance externo.
El balance general muestra una economía que avanza, pero cuyo dinamismo depende en exceso del gasto público y del consumo, mientras sectores estratégicos permanecen rezagados y requieren políticas que reactiven la inversión y la producción. El desafío hacia adelante es lograr que este impulso reciente se traduzca en una recuperación más amplia y sostenible.
Yo creo que muchos colombianos estamos como yo: mamados de los políticos de siempre, viviendo las consecuencias, por demás negativas, de una falta de liderazgo fuerte, coherente y consecuente
Es bien sabido que América Latina, en general, y Colombia, en particular, tienen indicadores de desigualdad de ingreso muy elevados
La restricción al comercio más evidente derivada de la guerra es la del Estrecho de Ormuz, que ha disparado el precio del petróleo y ha impedido o restringido las exportaciones generales de Irán