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Poner restricciones al comercio es una medida cada vez más frecuente en un mundo donde la globalización parece una moda pasajera. Pero a las restricciones mediante aranceles se suman aquellas que surgen del cambio climático y de las guerras. Miremos el caso de China, país al cual Estados Unidos impuso una restricción sobre cerca de 20% de su comercio, que era el porcentaje que representaba para este país el mercado norteamericano. En efecto, en 2025 las exportaciones chinas a los EE.UU. se redujeron a 14%, pero como el comercio fluye y los aranceles no lo pueden detener, esta caída se redireccionó hacia otros países, de manera tal que entre 2018 -cuando se impusieron los aranceles a sus productos- y 2026 las exportaciones chinas crecieron 52%.
Los bienes buscan el camino que mejor les convenga y los aranceles no lo pueden frenar, bien sea porque evaden las restricciones a través de la tercerización con otros países, cambiando el origen de las mercancías -y no sabemos cuánto de esto esté ocurriendo en las exportaciones chinas-, o porque simplemente se fomenta el contrabando, como lo ha demostrado Colombia, donde el contrabando por subfacturación y el clásico cruce ilegal de fronteras se han vuelto prácticas permanentes.
Existen también restricciones derivadas del cambio climático, y el mayor ejemplo de ello es el Canal de Panamá, que por más de 100 años ha sido el principal paso del comercio entre el Atlántico y el Pacífico. En efecto, en 2023 y 2024 el número de barcos que pudo transitar por el canal, por cuenta de los efectos de El Niño, se redujo de más o menos 36 barcos diarios a cerca de 18 en el momento más crítico. Se avecina otro semestre de El Niño y las mercancías ya están buscando nuevas rutas. Hyundai logró el traslado de mercancías a través de México, por vía férrea, en 72 horas, un tiempo más corto que el que toma atravesar el Canal. Si bien el volumen que puede movilizarse por esta vía hace que sea apenas una alternativa marginal, ello demuestra que el comercio, frente a esta restricción, está explorando nuevos caminos. Un grupo de empresarios paraguayos busca una solución similar mediante una ruta desde Brasil hasta Chile, a través de la región del Chaco.
La restricción al comercio más evidente derivada de la guerra es la del Estrecho de Ormuz, que ha disparado el precio del petróleo y ha impedido o restringido las exportaciones generales de Irán. Reporta The Economist que Irán ha incrementado su comercio terrestre a través de nuevos cruces fronterizos con Pakistán, mientras se reorganiza el mercado petrolero con nuevos jugadores, como Guyana y Venezuela, que recupera producción, y con la salida de los Emiratos de la Opep. Lo que muestra la realidad es que los bienes, como el agua, buscan nuevas rutas cuando enfrentan restricciones. Algunas veces estos desvíos toman tiempo; otras, son más expeditos, pero, al igual que un río al que se le cambia el curso, tarde o temprano intentan regresar a su cauce original.
Se hace necesario que los gobernantes aprendan esta lección, pues entre el momento en que se imponen las restricciones y aquel en que el comercio encuentra su nuevo rumbo, los únicos perjudicados son los ciudadanos, que tienen que sufrir el impacto de estas medidas, como ocurre hoy con los precios de la energía. La otra lección es que el cambio climático transformará drásticamente el comercio mundial, no solo por el impacto de la huella de carbono, sino también porque se abren nuevas rutas -como sucede con el deshielo en el Ártico- o se cierran otras, como en el caso del Canal de Panamá.
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