La crisis actual ha tenido un alto costo en materia de empleo. Entre febrero y mayo se perdieron aproximadamente 4,5 millones puestos de trabajo. Los sectores del agro, la industria, entretenimiento, hoteles y restaurantes, comercio y construcción se han visto particularmente afectados, con pérdidas de puestos de trabajo mayores al medio millón en cada una de estas actividades. El número de empleos formales se ha reducido en más de un millón, con una tasa de destrucción que se aceleró en mayo con respecto a abril.

La incertidumbre asociada a la dinámica de la pandemia y la extensión de las cuarentenas, nacionales y locales, hacen prever un mal augurio para las cifras relacionadas con el mercado laboral durante los próximos meses. Esta semana se conocerán las cifras para el mes de junio que seguramente mostrarán una leve recuperación en el número de empleados, pero una persistente tasa de desocupación en la medida que las personas reanudan la búsqueda de empleo.

Frente a este panorama, una de las prioridades más importantes en materia de políticas públicas debe ser una agenda para acelerar la reactivación económica y el empleo. El Gobierno está próximo a anunciar los pormenores de la reciente creada Misión de Empleo, que tendrá el importante reto de promover medidas para darle un empujón a la creación de puestos de trabajo formales en el corto plazo, y de proponer una serie de reformas para atacar los problemas estructurales que desde hace muchos años se evidencian en nuestro frágil mercado laboral.

No es un secreto que a la economía colombiana le cuesta crear empleo formal. El salario mínimo, que busca proteger a los trabajadores, termina de facto excluyendo a muchas personas, en especial en la periferia del país, de la oportunidad de tener empleos formarles. Los costos laborales son altos en comparación con otros países similares y disuaden la creación de empleo. La reforma aprobada en 2012 que redujo las contribuciones parafiscales asociadas al empleo en 13,5%, redundó en un aumento en empleo, salarios y formalidad. Varios trabajos académicos con diferentes metodologías así lo confirman.

La mayoría de las empresas colombianas operan a una escala de empleo relativamente baja. El país necesita un mercado de capitales más dinámico y una regulación tributaria y laboral mucho más simple que le permita a las firmas crecer mucho más rápido y operar a mayores niveles de producción. El tamaño relativamente pequeño de una buena parte de los emprendimientos en Colombia contribuye a la fragilidad del mercado laboral y hace que sea difícil escalar el número de empleos formales, y tener ganancias en productividad y salarios a lo largo del ciclo de vida empresarial. Vale la pena recordar que aproximadamente 4.000 empresas generan 50% del empleo formal del país.

Ante estos desafíos, tanto de coyuntura como estructurales, el sector empresarial debe promover espacios de discusión con el objetivo de impulsar estrategias innovadoras y coordinadas con el Gobierno, orientadas a preservar y acelerar la creación de empleo formal. En los próximos días el equipo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana organizará un foro sobre los retos del mercado laboral en Colombia. Los invito a que todos contribuyamos en la discusión con #TodosPorElEmpleo para buscar soluciones innovadoras en materia de empleo.