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Inflación y tasas

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José Ignacio López Director Ejecutivo Investigaciones Económicas en Corficolombiana

La inflación de enero sorprendió a la baja alcanzado 3,62%, frente a la cifra de 3,8% a cierre de 2019. La caída en la inflación se explica por una reducción en el crecimiento de los precios de alimentos y de productos no transables. Dentro de la categoría de alimentos, algunos productos que tienen un peso importante en la canasta familiar, como el plátano y la papa, mostraron una fuerte caída en precios, y en un buen número de alimentos se observó una corrección en los choques de oferta que durante 2019 presionaron los precios al alza.

En lo que respecta a los productos no transables, los servicios de telefonía ayudaron a la caída de la inflación en enero, ya que el ajuste tarifario se anticipó a diciembre, haciendo que el aumento a comienzos de este año fuera menor. Adicionalmente, la inflación de arrendamientos se mantuvo en 2,7%, en línea con un exceso de oferta inmobiliaria que le pone freno a los incrementos en los alquileres.

Por su parte la inflación de productos transables -productos sujetos a ser comercializados en el exterior o importados- ha seguido en aumento y alcanzó 2,49% en enero, contribuyendo en 0,47 puntos porcentuales a la inflación total de 3,62%. Este aumento de la inflación de transables se explica principalmente por la devaluación del peso durante el segundo semestre de 2019 y su efecto en bienes importados finales e intermedios.

La reducción en la inflación de enero es una buena noticia y le da un margen de maniobra adicional al Banco de la República, evitando un escenario donde la inflación alcanzara el techo del rango, 4%, durante los primeros meses del año, lo cual hubiera presionado a un aumento de tasas. Este margen de maniobra, no obstante, no es lo suficientemente amplio como para esperar que la autoridad monetaria reduzca en los próximos meses la tasa de política monetaria de su nivel actual de 4,25%.

Las medidas de inflación que excluyen categorías de productos con precios más volátiles, conocidas como inflación núcleo - como la inflación sin alimentos ni bienes regulados- están por encima de la meta de 3%. Una inflación núcleo por encima de la meta le da un espacio limitado al Banco para tener una política monetaria más expansiva.

En la presentación del más reciente informe de política monetaria, el equipo técnico del Banco de la República presentó sus proyecciones que muestran una reducción de la inflación a 3,1% para cierre de 2020 y un eventual aumento de tasas de 25 puntos básicos hacia finales del año. Este aumento de tasas proyectado por el equipo técnico es consistente con la reducción esperada de la brecha del producto -producto observado menos producto potencial- hacia finales del año. Un incremento de tasas, no obstante, podría ser difícil de justificar en cuánto i) la reducción de la brecha del producto es resultado de que el PIB potencial ha sido revisado con base en un aumento de la tasa de desempleo tendencial y no porque la economía se esté acelerando y ii) las perspectivas del mercado laboral no son halagüeñas y a pesar del crecimiento proyectado para 2020 se espera que el desempleo se mantenga en un nivel alto. En este contexto, parecería inapropiado tener una política monetaria más contractiva con una inflación convergiendo hacia la meta y un mercado laboral débil, no solo por razones estructurales sino también coyunturales.

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