Analistas 28/08/2020

Un sindicalismo no corporativo

Estos días murió el maestro Abel Rodríguez. Siempre buscó que el movimiento sindical pusiera en práctica este principio: el bienestar de los profesores se tiene que reflejar en la alegría de los niños y jóvenes, y en un mejoramiento de la calidad de la formación. La lucha por la dignificación de la profesión docente tiene como objetivo último la buena educación.

A través del llamado Movimiento Pedagógico, que comenzó en 1982, el liderazgo de Abel permitió entender que las reivindicaciones gremiales del magisterio tienen como fin último la calidad y la cobertura. En sus palabras: “... la práctica sindical de las organizaciones del magisterio no puede continuar reducida al trámite de quejas y reclamos y una agitación en la que sólo participan pequeños grupos de activistas”. La lucha gremial adquiere su sentido pleno si está acompañada del “estudio e investigación de los problemas educativos”. Abel contribuyó a la consolidación del estatuto docente.

Fue constituyente en 1991, e insistió en que la educación es un derecho. Es una condición necesaria para el ejercicio de la libertad. A partir de la Constitución el gasto social comenzó a tener cierta relevancia, y aumentaron las transferencias de recursos a las regiones.

Abel fue secretario de educación durante la alcaldía de Lucho Garzón, y de una parte de la de Samuel Moreno. En el Plan Sectorial de Educación 2004-2008, Bogotá: Una Gran Escuela para que Niños, Niñas y Jóvenes Aprendan Más y Mejor, se insiste en que una mirada integral de la educación obliga a ir más allá de la pedagogía en el aula. Y, entonces, se le da relevancia al mejoramiento de la infraestructura educativa, a la atención a la familia, y a la integración de los niños y jóvenes con la ciudad. No solamente se aprende en la escuela. El hogar y la ciudad son espacios que pueden contribuir a mejorar los aprendizajes.

Durante la administración Garzón fueron significativos los logros en construcciones escolares de calidad. Además, para Abel era importantísimo que los estudiantes recibieran en el colegio comida caliente, y servida a la mesa. La alimentación escolar tiene la ventaja adicional de que alivia el gasto de los hogares.

Estudios recientes han advertido que el mejoramiento de la profesión docente es una condición necesaria para la modernización de la educación. Se ha dicho, con razón, que el salario de los maestros debe ser igual al promedio de profesiones como derecho, ingeniería, economía y medicina. Si los profesores se sienten bien, y la sociedad respeta la vocación docente, los mejores jóvenes se sentirán inclinados a dedicar su vida a la enseñanza.

Las declaraciones del gobierno colombiano a favor de la educación todavía no se reflejan en el presupuesto. El Estado continua siendo raquítico. Las brechas con los países de la Ocde son notorias. Y a nivel nacional, los abismos que existen entre las regiones son significativos. Aún en Bogotá las diferencias son marcadas. No solamente entre planteles públicos y oficiales, sino entre los estudiantes que asisten a la educación pública. El 40% de los niños de Bogotá no tienen acceso a la virtualidad. Y en secundaria y media, hay 124.000 estudiantes sin computador, o sin conexión a internet.

Los docentes, como siempre lo dijo Abel, están llamados a liderar el proceso que lleve a mejorar la calidad, a ampliar la cobertura y, de manera general, a cerrar la brecha educativa.